El valor de la amistad: ese gran desconocido

El valor de la amistad: ese gran desconocido

El valor de la amistad: ese gran desconocido

Las personas hablamos de amistad y del valor de la amistad, -generalment-, con ligereza.

Podríamos encontrar diferentes definiciones de amistad.

Pero quisiera hoy ir más allá de encontrar definicions y compartir una reflexión para profunditzar en ello.

Muchas veces nos referimos a amigos, cuando con ellos compartimos celebraciones, encuentros, salidas, viajes y normalmente lo hacemos porque tenemos gustos y afinidades comunes. Algunas veces se establecen relaciones con personas con las que compartimos “necesidades sociales”.

De entre este conjunto de “amigos” con algunos de ellos compartimos también nuestros problemas y los momentos difíciles. Es frecuente escuchar: “con esta persona hemos estado en los buenos momentos y en los momentos difíciles”.

¿Pero hasta qué punto compartir momentos buenos y momentos difíciles es sinónimo de amistad?

¿Podemos hablar de amistad entre aquellas personas que tienen visiones diferentes sobre un determinado tema? Si hiciéramos una encuesta la respuesta de la mayoría de personas nos diría que si. Pero … ¿es así?

Algunas definiciones pueden dar por supuesto que la amistad se da cuando hay equilibrio en el dar y recibir en los dos sentidos. Ahora un da y el otro recibe cuando lo necesita y en otros momentos de la vida, se da en sentido inverso. Pero ¿podemos decir que esto es la amistad?

¿Hay personas que esperan siempre de la amistad, la comprensión, escucha y cuidado del otro sin pararse a pensar en las circunstancias que este tiene?

¿Es amistad pedir al otro que esté, sin considerar si puede estar allí?

¿Cuántas personas que consideramos verdaderos amigos tenemos una relación de equilibrio en este dar y recibir? ¿Es imprescindible este “equilibrio”?

¿En la amistad, siempre hay contacto frecuente? ¿Con quién hablamos frecuentemente es con los amigos? O … ¿con quien nos va bien hablar?

En mi experiencia considero “amistad“, el resultado de una conexión sincera entre dos personas. No la mido ni en el dar ni el recibir. Ni el equilibrio que se puede suponer.

Para mí la amistad es sinceridad en una relación. Es una relación absolutamente desinteresada (obviamente no me refiero a la economía).

Puedo decir que para mí la amistad es “amor incondicional”. Se da sin pensar. Se da sin sobreesfuerzo. Es estar porque lo sientes. Es sufrir por el otro porque sientes que también es tu dolor. Es tu alegría con sus alegrías. Es una relación sin juicio. Es respeto.

En esta relación sincera, noble y desinteresada las ideas cuentan poco. Y menos cuentan las supuestas ideas que quizás ni le hemos preguntado o contrastado. Pero… considero que tampoco cuentan especialmente los hechos.

Tengo la sensación de que algunas veces funcionamos por la vida hablando de amistad cuando en realidad tenemos relaciones sociales que nos cubren necesidades. Legítimas. Y creo firmemente que la amistad es algo más profundo.

La amistad se fundamenta en valores. La coincidencia en los valores es fundamental para poder establecerla.

Quién no ha escuchado alguna vez: “Yo ya no llamo más. Siempre soy yo el que llamo “…

O … en este momento que yo he sufrido, no ha estado a la altura. Por lo tanto no es una amistad.

¿Es importante el orden y el número de llamadas?

¿Es posible que una persona no haya estado en un momento determinado porque también tenía un momento complicado? ¿Pensamos en ello? O ¿hacemos la valoración desde mi “yo”, es decir desde mi egoísmo?

¿Juzgamos a los demás, sin pararnos a profundizar, y esperamos que sea el otro el que siempre esté a la altura?

La amistad es un valor importante. Difícil de establecer y difícil de encontrar. Pero que cuando es verdadera, se mantiene.

En estas últimos meses, he pensado mucho sobre este valor: el valor de la amistad. Y ha sido raíz de la muerte de un amigo que he profundizado en esta reflexión que hoy comparto en este blog.

En los últimos meses he tenido amigos que han disfrutado mucho. Algunos que han vivido sus sueños y otros han alcanzado sus objetivos. Otros amigos han sufrido mucho. Otros han seguido un camino diferente al mío o del que habíamos compartido. Otros con los que nos hemos encontrado y con quien hemos compartido momentos y vivencias, alegrías y dolor.

Y un amigo que se ha marchado para siempre.

Y en este periodo he sabido que la amistad no va ni de ideas ni de creencias hechas, ni del equilibrio en dar y recibir, ni de expresiones de estimación, ni de compartir proyectos, ni de “likes”. .. sino que he aprendido que la amistad está hecha de sinceridad, de humildad, de respeto y de generosidad que es lo que nos da una estrecha conexión.

La amistad no quiere de juicio al otro. No quiere de egoísmo. No quiere tener razón. No quiere imponer criterios. No quiere ganar ni perder. No quiere medir.

Para mí la definición más pura de la amistad es que es “amor incondicional“, que quiere decir querer desde el corazón a cambio de nada.

En el mundo actual no es considera la amistad un valor necesario en el trabajo, en la empresa, a las entidades y en la política. Si pensamos en la potencia de esta valor en las organizaciones, nos daríamos cuenta de la importancia de tener organizaciones potentes a partir de relaciones sanas, sinceras y valiosas entre los miembros de la organización.

Ahora sólo nos queda llevarlo cada día a la práctica.

Y el amor incondicional también me permitirá comprender que la amistad atraviesa la barrera de la vida y las barreras que nos pone la vida.

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