Salud, trabajo y compromiso social. Tres prioridades para afrontar el futuro.

Salud, trabajo y compromiso social. Tres prioridades para afrontar el futuro.

Salud, trabajo y compromiso social. Tres prioridades para afrontar el futuro.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Núria Aymerich. Secretaria general del Gremio de Fabricantes de Sabadell

‘Salut, ocupació i compromís social. Tres prioritats per afrontar el futur’, per Núria Aymerich (Gremi de Fabricants)

Son miles los gurús, o los que se consideran gurús, que se atreven a decir cómo será el mundo después de la pandemia.

Cómo será el futuro está por ver. Algunos dicen que la pandemia nos servirá para tener actitudes más éticas y más respetuosas con las personas y la naturaleza. Otros dicen que para sobrevivir, la sociedad será más competitiva. Todo estará presente, una cosa y otra.

Pero hay realidades que no son predicciones de futuro; la pandemia dejará dolor, muertes, tristeza, soledad y paro. El paro supone vivir de subsidios, siempre insuficientes, con incertidumbre y mucho sufrimiento.

Es prioritario proteger la salud y la vida de las personas, y es tiempo para poner el foco en el mantenimiento y en la creación de puestos de trabajo. Por ello resulta demagógico emitir mensajes haciendo escoger entre la salud y el trabajo. Debemos vivir, tener salud y trabajar; debemos integrar aquellos que más lo necesitan y evitar la exclusión social. Este es el reto.

Cataluña es un país de pymes. Al frente están pequeños y medianos empresarios con experiencia, que han tenido que superar las diferentes crisis y los efectos de la globalización. Se han adaptado, han innovado, han aprendido y se han internacionalizado. Si no fuera así habrían desaparecido.

Durante estas semanas de pandemia han sido muchas las empresas que han mostrado esta capacidad. Aunque en el anonimato, son muchos los casos de éxito que, transformándose en pocas horas y difíciles condiciones, han producido material sanitario y han provisto a los servicios esenciales.

Las industrias textiles son un ejemplo de adaptación para dar respuesta a las demandas provocadas por el coronavirus. Aunque en demasiados casos no se les ha dado visibilidad, lo han hecho desde la innovación, la reconversión y la voluntad de servicio, a pesar de los límites que se han encontrado con los procesos de certificación y homologación de los productos.

En otras empresas este cambio no se ha podido producir. No por falta de voluntad, sino porque las herramientas de las que disponían no se lo permitían. Su maquinaria, los servicios que ofrecían o los productos que pedía el mercado hasta el día antes de la pandemia no podían dar respuesta a las necesidades generadas por la Covid-19.

La pandemia ha actuado como un tsunami, y muchas de nuestras pymes no podrán seguir la actividad que hacían o tal como la hacían hasta ahora. En este momento sienten que están dentro de una “esfera, gris metálica y fría”, en la que no ven que hay camino.

Su dolor y su sentir son comprensibles. Tienen delante plantillas sin trabajo que ofrecerles, sueldos por pagar y la aplicación de  dolorosos Ertes. Se enfrentan a pérdidas económicas, créditos, materiales comprados y compromisos que les quedan pendientes de pagar.

Ahora es tiempo para reinventarse y para innovar, y los que más lo sabrán hacer son los empresarios, que durante años han resistido las crisis más feroces. Son emprendedores que con su equipo volverán a empezar. Los gobiernos y la sociedad debemos escuchar y creerles, y debemos darles lo que necesitan: ayudas directas, dinero sin la obligación de retorno, créditos blandos, agilidad administrativa y acompañarlos en las oportunidades. Sólo los tenemos que pedir proyecto. Pongámosle fácil.

No se puede diseñar una sociedad empresarial post-Covid desde un despacho. Quienes saben son los protagonistas. Incluso, puede ser ofensivo que personas desconocedoras del mundo empresarial les digan a los empresarios lo que tienen que hacer, cuando no han tenido nunca la experiencia de serlo.

Ahora es tiempo para comprometerse con las pymes, ayudarlas y confiar en ella realmente. Porque en definitiva son las que han mostrado la capacidad de resiliencia a lo largo de los años, son las verdaderas creadoras de empleo, y sólo así tendremos una sociedad formada por personas con una vida digna, tanto por los que están en activo y como por los que debemos ayudar.

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