Respetar a los demás es la respuesta.

Respetar a los demás es la respuesta.

Respetar a los demás es la respuesta.

Si observamos las relaciones interpersonales podremos ver que gran parte de los conflictos que se producen están fundamentados en la falta de respeto a las personas.

Pero …

➢ ¿Qué es exactamente el respeto?

➢ ¿Respetamos a los demás?

➢ ¿Que nos lo impide?

➢ ¿Qué lo facilita?

Ninguna persona tiene igual opinión y visión que otra. Todos somos diferentes. La cultura, la educación, el entorno social en el que crecemos y vivimos y la genética nos da a todos una huella propia que nos hace únicos.

Debemos ser conscientes de que esta característica de ser “únicos” es una fortaleza. Las opiniones y visiones distintas enriquecen a las organizaciones y a la sociedad.

Para avanzar en la reflexión, debemos distinguir entre “valores coincidentes o compartidos” y la visión.

Fijémonos como las entidades se empeñan a que las personas nos agrupemos por “visiones”.

Y entonces con facilidad se crean las etiquetas que nos identifican.

La sociedad nos pide que las personas nos agrupemos por visiones. Y esto ocurre en empresas, organizaciones, entidades, y por supuesto en política.

Formar parte de organizaciones con quienes compartimos valores, nos da sentido de pertenencia. Sentir que nuestra visión es coincidente con la de otras personas, nos hace sentir más seguros y más confortables.

Es fundamental compartir la vida personal y social con personas y entidades con las que compartimos valores. Pero la visión de cada uno de nosotros tendrá características propias que nos hacen diferentes de todos los demás.

Actualmente estamos en una sociedad del sí o del no. Del blanco o del negro, eres “de los mios eres de los otros”. Y las personas somos mucho más complejas.

Hay que discernir los valores con los que coincidimos, de la visión. Ciertamente los valores fundamentan la visión, pero no la determinan al 100%, porque son muchos los matices que podemos encontrar en la definición de los valores.

Por ejemplo, dos personas podemos coincidir en tener el valor de la libertad como valor fundamental, pero podemos entender la libertad de diferente manera. Podemos ampliar el ejemplo en muchos otros valores como son la justicia, la lealtad, la generosidad … Por lo tanto también en los colectivos que se definen con una “etiqueta”, hay visiones muy diferentes, a pesar de coincidir en valores.

Respetar a los demás es comprender esta “complejidad”. Es saber que cada uno de nosotros tenemos visiones particulares, aunque coincidiendo en los valores. Y también es saber comprender a los demás cuando los valores son diferentes.

Respetar a los demás no significa “tener que” coincidir en el modo de pensar de los demás.

Respetar a los demás es un reto difícil de alcanzar, porque implica tener la grandeza de considerar a las otras personas de tu a tu. Entender que los otros tienen visiones diferentes tan legítimas como las propias. Y para ello hay que ser humilde. Tener la humildad de saber que somos exactamente igual de (no) importantes como todos los demás.

Respetar significar saber escuchar a los demás, entender su visión y descubrir cuál es realmente su punto de vista.

Lo contrario de respetar también es juzgar a los demás. Juzgar y criticar a los demás etiquetándolos con sustantivos y adjetivos que normalmente no coinciden con su realidad.

Para llegar a respetar a todas las personas, hay que ser generoso, humilde y tener la disposición de escuchar para comprender.

El peor enemigo del respeto es el ego. El exceso de ego siempre viene fundamentado por las inseguridades personales y por el miedo. Y la suma de inseguridades personales y miedos, provocan inseguridades del sistema (organización, ente…). Si sentimos que tenemos poca entidad, sobredimensionamos nuestro ego, con un intento de que nos proteja. Y en este estado es imposible respetar a los demás.

La mayor parte de conflictos que hay en la sociedad, vienen dados por la falta de respeto a las personas, a las organizaciones, a los pueblos, a las naciones y las comunidades.

El respeto es un valor. Cuando nuestros valores no son respetados, sentimos dolor y la respuesta hecha desde la herida no nos permite ser objetivos. Cuando sentimos dolor, respondemos con un grito. Y el grito puede tener muchas formas de expresión.

El camino que resuelve los verdaderos problemas de la sociedad no es la justicia ni el código penal ni la guerra, sinó el camino para mejorar la manera de ser y de hacer de las personas.

Aprender a respetar y respetar a los demàs es la respuesta.

Desde el respeto a las personas se busca y se encuentra solución a los conflictos.

Respetando a los demás, se identifican los problemas y se buscan soluciones.

Respetando a los demás, se pone por delante la búsqueda de la solución antes que el ego.

Y el respeto es el camino que todos podemos aprender a recorrer, aunque los demás no nos respeten.

Con el tiempo las personas aprendemos que sólo podemos ser responsables de lo que nosotros hacemos, pues lo que nosotros hacemos tiene un impacto en los demás.

Y recorrer este camino también depende de cada uno de nosotros. Podemos intentarlo, aunque nos cueste. Es difícil peró es posible.

Nuestra sociedad lo pide y lo necesita.

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