Entre el reconomiento, la adulación y la crítica: madurez.

Entre el reconomiento, la adulación y la crítica: madurez.

Entre el reconomiento, la adulación y la crítica: madurez.

Entre el reconocimiento, la adulación y la crítica: madurez.

La medida de los resultados en las empresas se mide fundamentalmente por resultados económicos, aunque cada vez más también se valora su responsabilidad social.

En la administración pública hay indicadores que miden los resultados y empujan hacia las acciones correctoras aunque por la organización propia del sistema público, en ocasiones es difícil de llevar a la práctica medidas que generen importantes cambios.

En política los resultados se miden en votos aunque la democracia tiene elementos que distorsionan el resultado. No quien hace la mejor política obtiene mejores resultados electorales, porque estamos en un mundo donde pesan más los titulares mediáticos que los contenidos. Normalmente la buena política requiere de acciones a medio y a largo plazo y el electorado suele responder al alto volumen de mensajes que recibimos a través de medios de comunicación y redes sociales.

En líneas generales el trabajo de cada persona en cualquier tipo de organización es transparente y anónima.

El esfuerzo y el sobreesfuerzo, el compromiso o la dedicación extra de tiempo, pasa inadvertido para el entorno, incluso en el más cercano y por supuesto, por el exterior.

En estos días de pandemia, los políticos, la administración pública y las entidades sociales han trabajado incansablemente para contribuir a paliar los efectos de la pandemia. Esfuerzo y trabajo de muchos, invisible.

El ruido que más se escucha en estas semanas respecto a políticos y la administración pública, es: “es su responsabilidad” o “para eso cobran” o “lo han todo hecho mal“…

Está claro que hay políticos que han hecho errores y otros han hecho demagogia.
Está claro que ha habido algunos servidores públicos que no han estado al pie del cañón.

Pero es evidente que la mayoría de políticos con responsabilidades de gobierno, en los diferentes niveles de administración, y de diferentes partidos políticos se ha dejado la piel. Y también lo han hecho muchas de las personas que forman parte de la administración pública. Pensemos en cómo ha sido el trabajo de policías, maestros, personal de gestión en temas laborales o sociales, servicios jurídicos, por no hablar ya de los que ya todos hemos visto, como son el personal sanitario en toda su cadena, el personal de limpieza , el de la alimentación, los de la comunicación, entre otros.

Reconocer el trabajo de todos los servidores públicos, -políticos incluidos-, especialmente en momentos duros, es un signo de responsabilidad y madurez. Hacerlo es de justicia.

No se puede confundir el reconocimiento con adulación.

Adular es exactamente lo contrario de dar reconocimiento pues significa hacer un reconocimiento para obtener algo a cambio.

Saber dar reconocimiento de forma sincera no es fácil. Requiere de madurez personal, ser humilde, honesto y generoso.

Dar reconocimiento no significa no tener la posibilidad de mostrar desacuerdos o aportaciones de mejora. Todo es compatible y es posible.

El liderazgo se expresa también a través de acciones como ésta. Y en sentido contrario, el juicio, la crítica y desdén como mecanismo habitual, muestra la falta de liderazgo de quien lo hace.

Todos tenemos que aprender a ser objetivos y a ser humildes para reconocer el trabajo realizado por los demás, el esfuerzo, la entrega, la voluntad de servicio que han hecho, aunque les consideramos “adversarios” o “competidores”. Incluso si en momentos de alta intensidad, hacen errores.
Nosotros también los habríamos hecho. Nosotros también los hemos hecho. Nosotros también los hacemos.

Ahora si cabe, con el Covid-19, es más que nunca tiempo para la madurez. Es tiempo para aprender a ser justos y humildes. Es tiempo para aprender a distinguir entre la adulación y el  reconocimiento. Y sobre todo es tiempo de saber ser honestos para dejar de hacer crítica vacía de contenido y saber reconocer y aportar.

Los políticos tienen que aprender. Los del gobierno y los de la oposición. Pero sobre todo tenemos que aprender. Reconozcamos el trabajo de los demás. El  que vemos y el que no se ve. Comprendamos los errores, y sumemos.

Seamos sinceros y honestos y hagámoslo.

Entre el reconocimiento, la adulación y la crítica: madurez

Todos tenemos un conjunto de responsabilidades adquiridas. En el trabajo, con la familia, con la sociedad e incluso en las relaciones sociales.

La tarea diaria de la mayoría de personas pasa inadvertida. El backoffice de cada persona normalmente está lleno de acciones que pocas veces salen a la luz.

La sociedad actual se ha acostumbrado a valorar “sólo” los resultados tangibles es decir los resultados medibles. Es más fácil medir los kilos de producción y las ganancias en euros que los resultados intangibles (buen ambiente de trabajo, capacidad de trabajo en equipo, compromiso social, prestigio de la compañía …).

Las organizaciones de todo tipo han introducido los indicadores de valoración de resultados, lo que permite medir los tangibles y los intangibles. Sólo en organizaciones maduras los indicadores medidas el nivel de esfuerzo por el trabajo hecho para alcanzarlos.

En la sociedad, rara vez se mide el trabajo realizado y los resultados obtenidos.

Son muchos los ejemplos que podríamos poner. Pero podemos hacerlo más visible podemos referimos al trabajo realizado por entidades sociales o culturales , como ejemplo. Las onegés y las entidades tienen un reconocimiento general pero nunca se llega a reconocer la labor individual, en general muy dura.

En estos días de pandemia, los políticos, la administración pública y las entidades sociales han trabajado incansablemente para contribuir a paliar los efectos de la pandemia. Esfuerzo y trabajo de muchos, invisible.
El ruido que más se hace sentir en estas semanas respecto a políticos y la administración pública, es “es su responsabilidad” o “por eso cobran” o “lo han hecho mal”.

Está claro que hay políticos, sin responsabilidades directas, que han hecho demagogia. Está claro que ha habido algunos servidores públicos que no han estado al pie del cañón. Es cierto.

Pero es evidente que la mayoría de políticos con responsabilidades, en los diferentes niveles de administración, y de diferentes colores políticos se ha dejado la piel. Y también lo han hecho muchas de las personas que forman parte de la administración pública. Pensemos en cómo ha sido el trabajo de policías, maestros, personal de gestión en temas laborales, servicios jurídicos, por no hablar ya de los que ya todos hemos reconocido como son el personal sanitario en toda su cadena, el personal de limpieza, el de la alimentación, el de la comunicación, entre otros.

Reconocer el trabajo de todos ellos, políticos incluidos, es un signo de responsabilidad y madurez. Hacerlo y hacerlo con respeto y en público, es justo. Adular es exactamente lo contrario pues signfica hacer un reconocimiento para obtener algo a cambio.

Saber reconocer el trabajo que hacen los demás, independientemente de las ideas o colores políticos, es un signo de madurez. Del mismo modo que juzgar y criticar por costumbre a quienes piensan diferente es una irresponsabilidad.

Debemos saber hacer los reconocimientos justos y objetivos a todas las personas que lo dan todo en lugar que ocupan. Debemos saber expresar desacuerdos cuando los tenemos. Todo es compatible.

La sociedad actual tiene que aprender a ser objetiva en el reconocimiento del trabajo hecho, del esfuerzo, de la entrega y de la voluntad de servicio, independientemente de nuestra propia manera de pensar y de nuestros propios intereses.

Los desacuerdos los debemos saber expresar con respeto y diálogo. El reconocimiento debemos hacerlo cuando es sincero.

La crítica y el juicio a quienes consideramos adversarios sólo nos permiten saber de las carencias de quienes las hacen.

El liderazgo es también esto. Va de la responsabilidad individual para saber reconocer el trabajo de los demás, haga quien la haga y de alejarse de la crítica, de la burla y del desdén como normalidad en nuestra manera de ser y de hacer.

Es tiempo de madurez. Es tiempo de aprender a reconocer sinceramente el trabajo de los demás. Es tiempo para aprender a distinguir la adulación del reconocimiento. Y sobre todo es tiempo de saber ser honestos para dejar de hacer crítica vacía de contenido.

Es tiempo para aprender cada uno de nosotros de formar parte de una sociedad, porque sólo desde la responsabilidad individual haremos una sociedad más justa.

Los políticos tienen que aprender. Los del gobierno y los de la oposición. Pero sobre todo tenemos que aprender todos y cada uno de nosotros. Reconozcamos el trabajo de los demás. El que vemos y el que no se ve.

Seamos sinceros y honestos. No digamos sólo que es responsabilidad de los políticos. También es nuestra.

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