Política de valores: Imprescindible.

Política de valores: Imprescindible.

Política de valores: Imprescindible.

Política de valores: imprescindible.

Vivimos una etapa de la historia que se combinan con facilidad los polos opuestos.

• Vivimos en la etapa en la que se ha adquirido más conocimiento y al mismo tiempo, TODO el planeta se ha quedado en un solo día, paralizado por una pandemia. Nadie sabía.

• Es indiscutiblemente la era tecnológica, que supuestamente nos conecta a todos con facilidad. Es el momento en que hay más soledad. Momento en que más personas viven solas, la familia como órgano aglutinador ha perdido fuerza y ​​a su vez las redes sociales conectan (con frialdad) a millones de personas.

• Es seguramente la etapa en que más libertades se han conseguido, y a la vez es el momento en el que estamos más controlados (big data … telefonía móvil, tarjetas de crédito y entrega de datos personales por doquier) . Siempre, eso sí, “envuelto” de la ley de protección de datos.

• Actualmente hay unos pocos muy ricos y unos muchos (muchísimos) pobres. Se ha perdido la valoración de la formación y de la experiencia profesional como valores.

• Nos llenamos la boca de la importancia del conocimiento y al mismo tiempo se da valor a la superficialidad (influencers y personajes de programas basura …).

• Es el momento en que más se habla de valores y cuando es el momento en que menos se actúa por valores.

Y quisiera especialmente detenerme en este último punto para profundizar.

Todos o casi todos, hemos acabado normalizando una manera de hacer política fundamentada en la crítica, el juicio, la descalificación y la bronca continúa.

Sólo hay que ver el Congreso, los Parlamentos y ver como cualquier acción que se hace, no está pensada para la ciudadanía.

Los ciudadanos aceptamos con resignación, impotencia y normalidad el tipo de política que estamos viendo y estamos viviendo.

La gestión de la pandemia ha sido una de las más dantescas muestras de lo peor de la política. No la única. Sólo observando la judicialización de la gestión de la pandemia, me hace sentir un importante escalofrío. Insultos. Calumnias. Ataques. Críticas. Críticas feroces.

Está claro que hace años este país (ahora alguien me puede preguntar, si hablo de España o de Cataluña, y mi respuesta es da igual), dejó de hacer política y pasó al esperpento.

Lo que debería ser política pensada para mejorar la vida de los ciudadanos, se ha convertido en un circo dantesco.

Circo que por cierto, se ha llevado por delante muchas vidas de personas y familias inocentes. Sin ningún freno, se ha pasado de la política a la justicia. Tanto vale. Ni esta política ni este sistema judicial es lo que necesita la ciudadanía.

Hemos llegado al punto que hablar de política de valores, es decir política para resolver los problemas de los ciudadanos, se convierte casi en un motivo de mofa.

El sistema político actual de nuestro país (España y Cataluña) ha dejado de asumir la responsabilidad de resolver los problemas reales de los ciudadanos (sanidad, empleo, política industrial, educación, seguridad, inclusión social) para dedicar el tiempo a la confrontación vacía de contenido social. Una confrontación que ha incorporado el “todo vale” para tener el poder. ¿Poder? ¿Por qué el poder? ¿Para qué?

Las redes sociales, la medida del impacto “mediático” (que no tiene nada que ver en el impacto en solucionar los problemas de las personas), determinada prensa sensacionalista y totalmente partidista (las hay para todas las tendencias) y la búsqueda del voto “sólo” para tener el poder, ha ocupado el espacio de todos.

Es momento de decir BASTA.

Los ciudadanos queremos, necesitamos política real. La política entendida en que “sólo” tiene por objetivo solucionar los problemas reales que afectan a las personas.

Ahora es tiempo de pandemia. Dentro de poco tiempo (esperemos) será tiempo de post-pandemia. Pero el Covid-19 dejará un panorama dramático. Empresas cerradas (industrias, comercios y servicios). Un nivel de paro altísimo. Vidas indignas. Rentas garantizadas (miserables).

Y simultáneamente, los políticos seguirán cobrando altos sueldos, dietas incomprensibles, viajes inexistentes, ocupando puestos en órganos inútiles para la ciudadanía, sin proceso de selección objetivo, sin indicadores que midan su trabajo.

El resultado electoral no es en ningún caso la medida del trabajo de los políticos. Las campañas son sin lugar a dudas un proyecto de marketing. El resultado no está alineado con los resultados objetivos obtenidos.

Y como modelo de acción política: la crítica, el juicio, el desdén, el desprecio, los gritos, los insultos, la mentira, la demagogia y la falsedad. Eso si, mirando como evoluciona el seguimiento de cada grito y de cada insulto en la red. Si cada estridencia da más seguidores, se seguirá entrando en esta dinámica sin sentido.

Es tiempo para pedir y exigir que los políticos se formen para saber actuar para valores y de acuerdo con valores.

Es tiempo en que es necesario e imprescindible no aceptar que, pedirlo, sea una ingenuidad. Yo me niego. Es tiempo de pedir y tener una política seria, con personas formadas.

Hay que decir que hay políticos formados, honestos y comprometidos. Está claro que si. Pero el ruido los tapa, se los lleva. Los destruye.

El objetivo no sólo es formar a los políticos. Todos nosotros tenemos la responsabilidad. Ciudadanos. Empresarios. Entidades sociales. Patronales y los sindicatos. Escuelas. Universidades. Todos y cada uno de nosotros tenemos que trabajar seriamente y por valores y pedir, también, a nuestros políticos que lo hagan.

Hace muchos años que estamos fuera de tiempo. Muchos han muerto. Otros morirán por falta de política social.

Seguiré reclamando y valorando la política seria. La política por valores. La que piensa en resolver la vida de las personas.

Ayudenme a ello.

Es urgente. Necesario. Imprescindible.

Es trabajo y responsabilidad de todos.

 

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