¿Podrían los reyes magos llevar el liderazgo transformacional al Congreso de los Diputados?

¿Podrían los reyes magos llevar el liderazgo transformacional al Congreso de los Diputados?

¿Podrían los reyes magos llevar el liderazgo transformacional al Congreso de los Diputados?

¿Podrían los reyes magos llevar el liderazgo transformacional al Congreso de los Diputados?

Ayer coincidió la noche de Reyes con el debate de investidura del Presidente del Gobierno Español.

Llevamos ya mucho tiempo, años, en los que la política ha cambiado su sentido esencial de ser. De alguna manera se ha normalizado el “todo vale” para tener el poder.

Estos días en el “debate” se ha puesto claramente en evidencia. Por cierto, una cruel evidencia escuchar la cantidad de insultos y falta de respeto que algunos grupos  pronuncian contra el candidato a la presidencia y a otros grupos.

El alejamiento de lo que es y debe ser la política con lo que está sucediendo, es tan grande que incluso en diferentes ámbitos se ha acabado normalizando esta manera de hacer.

Es fácil escuchar a las personas de la calle, diciendo que no se puede creer a ningún político, ni a ningún partido, pues sólo piensan en ellos mismos. Y por otro lado, tienen más posibilidades de hacer política aquellos que tienen más capacidad de resistencia a los insultos.

Y eso duele. Duele ver el mérito que tiene hacer política en este momento. Quien cree firmemente en la política como aquel espacio que trabaja para mejorar la vida de los ciudadanos, lo tiene difícil. Muy duro.

La política del espectáculo es un buen espacio para las personas sin ningún tipo de escrúpulo. Pero es el espacio más adverso para las personas con valores que quieren trabajar para mejorar la vida de todos.

Hay que decirlo alto y claro. Aunque parezca imposible, en política hay muchas personas que se dedican a ella con voluntad de servicio. Estas lo pasan muy mal. Y si, hay un grupo, -excesivo-, que sólo quieren estar allí para defender sus propios intereses, haciendo adulación de su ego y moviéndose en contra de los intereses de los ciudadanos. Desgraciadamente estos últimos son los que más se hacen oir y estos son los que tapan la bondad de la política.

Estamos en un momento en que vemos, escuchamos y vivimos el retroceso de muchos derechos y libertades que habíamos ganado en democracia. Hay grupos políticos que hacen bandera de ello. Todo se puede envolver con buenas palabras y con la parte del punto de vista que más interese. Pero, NO.

Hay principios y valores que deben ser inamovibles.

El principal es el respeto a las personas. Y este respecto se ha de ver en las diferentes vertientes: el respeto a las ideas de cada uno, el respeto a la igualdad de derechos de los diferentes sexos y procedencias, el respeto a la tendencia sexual y el respeto a las personas incluye indiscutiblemente la priorización de la justicia social, dando igualdad de oportunidades a todos y cuidando de los que más lo necesitan.

La paz es la expresión máxima del respeto a las personas.

En el siglo XXI no hay cabida para la guerra, ni por la guerra con armamento, pero tampoco por la guerra dialéctica o de otro tipo.

Para que los políticos y los ciudadanos nos encontramos en el espacio de la paz, debemos ser capaces de respetarnos. Y eso significa que tenemos que formarnos y educarnos para saberlo hacer.

Las emociones nos guían en muchas ocasiones. Y es cierto que ante las injusticias más grandes, la emoción nos puede a todos. Pero también debemos saber utilizar la herramienta del verdadero diálogo. Dialogar es escuchar y comprender lo que el emisor expresa y necesita y es saber expresar lo que pensamos, lo que queremos y lo que necesitamos. En este diálogo, siempre tenemos que saber que hay un objetivo por encima de nuestro: “el bien común“. La paz es una de las expresiones más firmes de este bien común.

Todas las personas tenemos que poder aprender a gestionar nuestras emociones y tenemos que aprender a dialogar y por lo tanto a respetar a los demás.

Bien es cierto que para algunas personas comprender la importancia del diálogo, del respeto y de la paz les es difícil. Y les es difícil porque han crecido en ámbitos donde estos valores no existían o no eran importantes. Pero pueden y deben aprender.

Cuando hablo en tantas ocasiones, de liderazgo transformacional, me refiero exactamente a eso: a aprender a respetar y dialogar para alcanzar el bien común. Bien común que se expresa en justicia social y en la paz.

Aprender liderazgo transformacional es difícil. Requiere de metodología. Y sobre todo requiere de coraje para superar lo que creemos que no somos capaces de saber hacer y humildad para disponernos a reconocerlo y aprender.

La expresión más clara de falta de formación en liderazgo transformacional la vimos ayer en el debate de investidura en el Congreso, por parte de los grupos que faltaron el respeto al resto del hemiciclo y en definitiva a todos los ciudadanos.

Y una piensa que puedes ser la magia de la noche de Reyes, puede hacer posible que algunas personas comprendan la verdadera importancia de aprender liderazgo transformacional. Es decir que aprendan a funcionar, dirigir y liderar por valores: Respeto. Sinceridad. Justicia. Igualdad. Generosidad y voluntad de servicio.

Puedes leer más sobre liderazgo transformacional pulsando aquí…

Podemos esperar más o menos tiempo, pero si queremos ver nuestra sociedad con convivencia no hay otra camino que el de aprender a funcionar por valores.

Yo seguiré hablando y escribiendo cada semana. Y quién sabe si algún día, el Congreso, el Parlamento de Cataluña, y .. el Congreso de Estados Unidos me piden mis humildes servicios o los de otros profesionales que también se hayan dedicado y se dedican al tema.

Mientras tanto  intentaré practicar los conceptos aprendidos, que ni por mí ni por nadie nos son nada fáciles. Pero intentémoslo una y mil veces. Actuar con Valores es la palabra. Por mucho que nos cueste a todos,

¡Hagámoslo!

 

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