Nos resistimos al Liderazgo Transformacional. ¿Por qué tenemos miedo de nosotros mismos?

Nos resistimos al Liderazgo Transformacional. ¿Por qué tenemos miedo de nosotros mismos?

Nos resistimos al Liderazgo Transformacional. ¿Por qué tenemos miedo de nosotros mismos?

Si pudiéramos dibujar un esquema del funcionamiento global actual de la sociedad del (mal) llamado “primer mundo”, encontraríamos como elementos destacados: el juicio y la culpa hacia los demás, una importante dosis de egoísmo, la normalización de la falta de respeto a las demás personas, la mentira como una herramienta para “ganar” (notoriedad, poder o dinero), injusticia, falta de equilibrio entre los derechos y obligaciones tanto individuales como sociales, diferencias abismales en la distribución de la riqueza, poca atención a la educación ya la creación de conocimiento y la falta de ética.

En consecuencia y en paralelo, existen una cantidad inmensa de acciones no gubernamentales, a menudo anónimas, que trabajan para compensar esta dramática realidad.

El hombre ha sabido ir a la luna, explorar el universo, operar el cerebro, alargar los años de vida de las personas, replicar órganos, seleccionar el adn de las personas para curar enfermedades, hacer arte y crear belleza … . Pero en el siglo XXI ha aumentado si cabe, la parte más negativa del comportando humano. Las tecnologías de la comunicación han dado herramientas para comunicarnos y transferir información de manera instantánea y global, lo que ha provocado y provoca un impacto muy importante en la sociedad.

Nos sigue quedando como gran reto, la mejora de la condición humana. Y de forma casi incomprensible, las personas la rehuimos. Por ello no son necesarios grandes descubrimientos, ni años de investigación, ni dinero. Se Sólo necesita la voluntad de querer hacerlo.

Los que hablamos, estudiamos, investigamos y trabajamos por el liderazgo transformacional, estamos en definitiva hablando de mejorar la manera de hacer de las personas y por tanto de las organizaciones, impulsando las acciones de acuerdo con nuestros valores y alineando a equipos de personas para que trabajen en el mismo sentido y por objetivos comunes.

Impacta observar cómo se ha instalado la fuerte creencia en la parte de la sociedad que tiene más responsabilidades, que  trabajar por valores es sinónimo de no poder funcionar “con éxito” en el sistema complejo en el que vivimos.

Los que llevamos años explicando qué es el liderazgo transformacional y aplicándolo a organizaciones de todo tipo (políticas, empresariales y sociales) nos encontramos como primer “obstáculo” para aplicar esta metodología, que las personas consideran este modelo, como el que ” debe ser “, pero que si lo hacen, perderán dinero, trabajo y poder.

Los hechos demuestran que la realidad lo desmiente.

El liderazgo se puede aprender. Solo falta tener coraje y humildad.

Las empresas y organizaciones que están dirigidas por valores, crecen y aumentan sus resultados y consiguen la satisfacción y el crecimiento de las personas que trabajan.

No deja de sorprender la fuerza de la educación (inconsciente en muchos casos) que hemos recibido, para  tener tanto miedo a ser como somos. Las personas tenemos muchos más recursos de los que tenemos conciencia y queremos hacer el bien, y en cambio se produce en muchos casos, un efecto perverso: querer tener poder aunque sea actuando sin valores, -añadiendo a él palabras y un discurso grandilocuente y vacío de contenido- pensando que sólo ésta es la vía para el éxito social y económico.

Este proceso es especialmente fácil de identificar en la política. Es por ello que existe una gran distancia entre los políticos y la sociedad. Ahora tristemente la política actúa en muchos casos, pensando en la defensa de sus propios intereses, en sus puestos de trabajo, en su posición social, y en la capacidad de gestionar recursos en beneficio de ellos. Todo esto se consigue a través del ataque a los adversarios, fijándose en las reacciones mediáticas, sin poner por delante la defensa real de los intereses de los ciudadanos. Y desde luego, en estos momentos, casi todo es válido para cumplir estos “fatídicos” deseos.

Pero esta realidad no sólo afecta a sistema político, sino que también afecta a organizaciones de todo tipo.

Y mientras, la mayor parte de los ciudadanos de este mal llamado “primer mundo”, pide justicia social, ética, respeto, acuerdo y trabajo de calidad y enfocado al bien común.

Es por ello que un día caerá el muro de la incomprensión de la importancia de dirigir a través de valores, donde el objetivo principal sea formar a personas que lo sepan hacer desde el liderazgo transformacional. Después será de humanos equivocarnos, pero habremos avanzado hacia construir una sociedad más transparente y más justa.

Los “gritos” que a menudo escuchamos piden esto: respeto, justicia, humildad, ética, transparencia y generosidad.

Los humanos tenemos que perder el miedo al Liderazgo Transformacional y empezar a hacer la sociedad que en definitiva muchos de nosotros queremos.

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