No somos nadie para dar lecciones. Es tiempo para el respeto, la generosidad y la humildad.

No somos nadie para dar lecciones. Es tiempo para el respeto, la generosidad y la humildad.

No somos nadie para dar lecciones. Es tiempo para el respeto, la generosidad y la humildad.

No somos nadie para dar lecciones. Es tiempo para el respeto, la generosidad y la humildad.

Seguramente estos momentos que estamos viviendo son los más difíciles que ha enfrentado la población mundial. Sólo le superan las guerras y los genocidios.

Vivimos continuamente de cerca la enfermedad y la muerte. Y vivimos en contacto directo con el paro y con la más cruel realidad de emergencia social.

El planeta tierra se ha detenido por la presencia de un virus invisible a nuestros ojos, que se lleva por delante: la vida, la salud, el trabajo, las relaciones sociales, la libertad, las proyecciones de futuro …

El Covid-19 nos aporta a todos incertidumbre, impotencia y miedo.

Ante la posibilidad del final de la vida en todas sus formas, aprendemos a distinguir entre lo que es realmente importante de lo que no lo es. Como dijo Steve Jobs en su famosa conferencia en Stanford “sólo ante la muerte, entiendes la importancia de dar sentido a la vida“.

Es ahora, en estos momentos difíciles para la mayoría, el ruido de la política nos causa especialmente dolor. Los unos contra los otros, para luchar por un poder que en general no tiene más objetivo que el de tenerlo. La ciudadanía quiere soluciones concretas y efectivas. El perverso juego entre gobiernos-oposición no sólo ha dejado de interesarnos sino que nos duele.

Para algunos todavía les es difícil comprender que sólo se puede salir de esta difícil situación, aportando, sumando, trabajando pensando en la salud y el empleo de todos y evitando la exclusión social.

Nadie sabe cómo será la evolución de la pandemia. Ni si el virus mutará. Ni cuando se tendrá la vacuna. Si será o no efectiva. Ni el tiempo que podrá tener efecto, si es lo que tiene. No sabemos nadie cómo será el futuro.

Hay frases repetidas por expertos y por los llamados gurús: “nos tenemos que reinventar“, “debemos ser resilientes“, “la pandemia abre oportunidades“, “el futuro es el teletrabajo“, “entramos de lleno en la digitalización“, “el futuro pasa por la telemática“,”cambiarán las costumbres“,”es tiempo para las personas“…

Y todo ello son sólo palabras. Palabras que quedan en el viento, porque la realidad es dura. Quizás algunas de estas expresiones pueden ser ciertas total o parcialmente. Quién lo sabe. Hay que ser muy prudentes a la hora de hacer determinadas afirmaciones. Cada persona y cada empresa es un mundo que sólo ellos conocen.

Está claro que todas las personas somos por naturaleza resilientes y adaptables a las circunstancias. Pero cada uno tiene sus tiempos, sus condiciones y sus necesidades.

Para mí es tiempo de humildad y de ética para estar dispuestos a respetar a los demás.

Es tiempo de mirar hacia dentro y hacer lo que se pueda para avanzar fuera, en la vida cotidiana.

Dejemos de decir a los demás lo que deben hacer, qué es lo que deben sentir, cómo deben seguir, cómo será el futuro. Hagamos todo lo que podamos cada uno de nosotros, para nosotros mismos y para los demás.

Salgamos del juicio permanente a los demás  y tratemos de aportar con nobleza y generosidad.

En estos momentos, las actitudes egoístas e irrespetuosas suenan especialmente mal a los oídos y  en el corazón de los que las recibimos.

Cuando nos demos cuenta de que en un instante todo puede terminar para los tuyos o para ti, o cuando miras a tu alrededor y ves verdadero dolor, hambre y desempleo, sientes que el ruido del egoísmo y la falta de respeto, es realmente lo que sobra en este mundo.

Humildad, respeto, generosidad y ética de todos y cada uno de nosotros son fundamentales para seguir adelante.

No son sólo palabras. Reflexión y nos daremos cuenta de que es el único camino.

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