Es momento para un cambio de paradigma: de la educación a la política por valores.

Es momento para un cambio de paradigma: de la educación a la política por valores.

Es momento para un cambio de paradigma: de la educación a la política por valores.

La sociedad actual reclama un cambio de paradigma. Es necesario apostar por la educación por valores.

Actualmente vivimos en un momento convulso socialmente a nivel de todo el planeta.

Como tantas veces he escrito, el hombre ha sido capaz de llegar a la luna, hacer trasplantes de órganos y crear la tecnología más avanzada. Sin embargo, no somos capaces de avanzar, globalmente, hacia una sociedad fundamentada en valores.


El respeto a las personas y por lo tanto el respeto a los derechos humanos, la paz y la justicia social están en unos niveles alarmantemente bajos.

 

Formar en valores y actuar de acuerdo con los valores es uno de los retos más grandes de este momento de la historia.

Pero .. ¿Cómo se puede llegar a la política para valores?

Educar en valores significa que los niños desde los primeros momentos de su vida, es necesario que vivan en un entorno educador en valores. Y esta educación es la que se vive  en casa y en la escuela.

También debería ser la educación que fomentan los medios de comunicación.

Para educar en valores, hay que dedicar de forma consistente, recursos a la educación.

No es suficiente disponer de profesores en las aulas. Los profesores necesitan tener tiempo para el diálogo con los alumnos y tiempo para crear y compartir reflexión. Esto sólo puede ocurrir en un sistema educativo menos estandarizado que no tenga un calendario diario totalmente predeterminado.

El sistema educativo debe fundamentarse en enseñar a pensar y razonar en lugar de memorizar, y debe enseñar a alcanzar objetivos y no impartir una serie de asignaturas sin coordinación de contenidos.

Para tener un sistema educativo de calidad es necesario tener grupos reducidos de alumnos y grupos de apoyo para los alumnos que lo necesitan. Sin embargo los profesores deben tener a su alcance programas de formación de formadores para descansar el cerebro, abrir la mente e incorporar nuevos contenidos y nuevas metodologías de formación.

El sistema educativo actual forma en competencias y esta es una buena aproximación para poner el énfasis en las actitudes. Pero no es suficiente, porque el tiempo, los recursos y especialmente el objetivo principal del sistema educativo es la formación en conocimientos más que la formación en valores.

Los medios de comunicación son en buena parte también los responsables de la educación de nuestros jóvenes. La emisión de programas con la constante de la violencia, noticias con contenidos con violencia, tertulias sin rigor ni respeto y políticos sin contenido, son elementos destructores de nuestra sociedad de valores.

Y los padres también somos responsables. De poco sirven los discursos retóricos sobre honestidad por ejemplo, si los padres pueden obtener ingresos sin respetar principios éticos por ejemplo. Podríamos encontrar una larga lista de ejemplos de disfunción entre el discurso y las acciones.

Los niños y los jóvenes aprendiendo fundamentalmente a través del ejemplo. Y la educación en valores es difícil de hacer. Para todos es más fácil dar respuesta a nuestra comodidad que hacer  renuncias si se trata de ser fiel a nuestros valores.

Valores, es seguramente una de las palabras más repetidas en política y en el momento una de las más utilizadas con la máxima vacío.

Podemos mirar América, África, Asia o Europa. Tanto vale. O podemos poner el foco en los países, estados o regiones de estos continentes. Los más lejanos y los más cercanos.

Cada día más nos cuesta más creer que la política está pensada para estar al servicio las personas.

Los que hemos estado de cerca a la política, sabemos que hay políticos que creen firmemente que la política es una noble profesión. Aunque no es el concepto más compartido, son muchas las personas que forman parte de partidos y movimientos sociales y políticos porque creen que pueden aportar su trabajo y sus ideas para mejorar la vida de las personas.

Pero la política se ha convertido cada día más, en una profesión sin credibilidad.

Los motivos son diversos y son muchos los sociólogos y politólogos que lo han analizado.

Las redes sociales y las tecnologías de la comunicación son transmisores con inmediatez de los mensajes.

Y es la propia dinámica de esta herramientas la que ha llevado a que los políticos quieran ser retwiteados por muchos seguidores y es por ello que para ello que deben decir “excentricidades” y emitir mensajes ruidosos en muchos casos.

Este efecto llega también a los programas de televisión, donde los políticos se mueven por los twits que se generan en la emisión del programa, en un sentido y en otro.

Ciertamente este efecto perverso del “twit” y del “retwit” es uno de los elementos que ha acabado influyendo en la mala imagen de la política. No es el único.

Hay un concepto que a mí me ha impactado especialmente a lo largo de los años:

Se dice que en política resiste quien tiene la piel más gruesa.

Es decir aquel que tiene la capacidad de resistir ataques y falsas acusaciones y que sabe responder con tranquilidad a estas actitudes.

Esta resistencia ha acabado siendo una de las competencias más valorada por ser político.

Se trata pues de saber ser “ruidoso” o incluso “excéntrico” para tener presencia en los medios.

Se trata de conseguir ser impermeable a los insultos, a los ataques, a las falsas acusaciones y las mentiras. Y desgraciadamente se trata de saber adaptarse al cambio de rumbo del partido si este cambio responde a unas encuestas que indican que con otro argumentario se pueden obtener más votos.

Hoy la política penaliza a aquellas personas que actúan por valores. Pocas personas que actúan de acuerdo con sus valores y son coherentes con ellos mismos y defienden firmemente lo que creen, resisten tiempo en política.

Como dicen algunos, -haciendo una especie de pirueta intelectual-, “se trata de saber adaptarse”. Y es cierto, las personas debemos sabernos adaptar a los cambios sociales, pero nunca renunciar a nuestros principios y valores. Y desde mi punto de vista, mucho menos hacerlo, para seguir ocupando una posición política.

Algunas personas para mantenerse en el cargo político, como diría Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.

Así pues … ¿Dónde estamos en este momento?

Estamos en un momento en que la educación es una palabra, pero en ningún caso es una acción que reciba la suficiente atención por parte de los gobernantes. Tampoco es un concepto que sea compatible con las audiencias de las diferentes televisiones. Para ver más información puedes clicar en este enlace:

http://www.forta.es/FortaComercial/DatosdeaudienciaShareporcomunidades/tabid/210/Default.aspx

Estamos en un círculo cerrado. Y en este círculo hay que introducir como elemento prioritario la formación por valores. Esta formación debe empezar en la edad infantil, pero debe imbuir a toda la sociedad. Y esta sociedad está formada por escuelas, padres, medios de comunicación, periodistas, empresarios, empleados, blogueros y políticos.

En ocasiones parece que estamos hablando de un hito inalcanzable, Pero realmente, este cambio sólo puede comenzar con las acciones que podemos hacer todos y cada uno de nosotros. Se trata de mirarnos cada día en el espejo y saber si actuamos lealmente con nosotros mismos y el precio que estamos dispuestos a pagar por ser coherentes con los valores.

Nuestro mundo lo reclama. Es hora de la política de valores. Esto significa que todas y cada una de las acciones que haga un político debe estar pensada para mejorar la vida de las personas, hacerlo con sinceridad, ser responsable de cómo impacta una palabra o una acción a la sociedad, y comprometerse con honestidad . Es momento para reclamar respeto a las personas, veracidad y rigor.

Quién sabe si en este momento tanto doloroso, estamos llegando al punto para empezar a funcionar y construir un cambio de paradigma. Sería el de trabajar desde la individualidad, para llegar a una sociedad que funcione por valores.

Creyendo firmemente en los sueños, se pueden hacer realidad. Es cosa de todos.

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