Liderazgo y la constitución de los ayuntamientos

Liderazgo y la constitución de los ayuntamientos

Liderazgo y la constitución de los ayuntamientos

Un apacible mañana de domingo.
Un despertar sin prisa. Brilla el sol. El cielo es limpio y azul.
Siento la primera brisa del día.

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Burriac. Símbol d’amistat

Un rápido paseo por las redes social me dicen que en magnum y su mejor amigo han subido a Burriac. Es domingo.

 

 

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Saber leer la prensa es un arte.

Por hábito, por interés, por compromiso, o por un derecho y deber que me otorgo a mi misma como ciudadana, hago la lectura diaria de la prensa.

La más cercana.  La más lejana. De tendencias diversas.

Busco diferentes visiones y opiniones. De la más superficial a la más rigurosa. Del más elaborado al más demagógico. Busco la expresión de los que estoy de acuerdo y de los que estoy en desacuerdo.

Trato de comprender los motivos de unos y de otros. Y luego, unos momentos para la reflexión.

Hoy en medio de árboles centenarios, los pájaros cantan armónicamente.

También pone su toque una cuco, que también lo hace armónicamente.

Miro alrededor y en la distancia veo bosques, tierra, cielo y adivino el mar a lo lejos. Miro a mi país.
Y siento en mi corazón todavía las vivencias de ayer. Las mías  y las que me llegaban de los demás.

Viví la La constitución de una la nueva legislatura de los ayuntamientos democráticos.

Emociones. Ilusiones. Decepciones. Alegría. Tristeza. Y en un caso: dolor e impotencia.

El pasado jueves asistí al pleno para estar presente y junto a los concejales salientes. La salida del gobierno y en este caso del consistorio, es solo individual y silenciosa. Deja emociones que dejan cicatrices para siempre.

Ellos aún no saben que los teléfonos les sonarán mucho menos y que serán realmente más anónimos de lo que habían vivido hasta el momento.

Y algunos descubrirán con el tiempo, la importancia de aprender a ser anónimo para conectar con  la propia humildad y desde ella, aportar generosamente para mejorar y construir por el bien de la ciudad y del país.

Otros lo vivirán con dolor y quién sabe si algunos con resentimiento sin saberlo integrar.

Y unos y otros, lo gestionarán como sabrán o como podrán. No va de partidos, ni de ideas, ni de colores políticos. Va sólo de la gestión de su propia esencia.

Es difícil tener la grandeza de saber salir. Al igual que lo es saber ganar y saber perder. Todo tiene su dificultad y sus retos.

Unos y otros deberán saber encontrar la mejor actitud:  desde el gobierno, desde la oposición y desde casa, para creer que lo que tiene sentido es dar, para mejorar la vida de las personas y hacerlo sin esperar nada a cambio.

Los gritos, la venganza, el insulto, el desprecio, el linchamiento y la agresión son sólo el reflejo de no saber conectar con la esencia de uno mismo.

Las personas nos instalamos en las emociones más negativas, cuando nuestro interior contiene dolor. No tiene nada que ver con la política.

Ayer lo viví y así lo sentí a la salida del pleno del Ayuntamiento de mi ciudad.

Es necesario ser honesto con uno mismo. La política no puede ser en ningún caso ni la herramienta ni la excusa para canalizar el propio dolor o la propia frustración. La política es mucho más grande que todo ello, porqué nos impacta a todos.

Unas pancartas y unos gritos que expresaban el dolor de personas individuales que gritaban su propio dolor.

La política es y debe ser en sí misma el trabajo por el bien común. Es trabajar para mejorar la vida de las personas y hacerlo desde cualquier ámbito de la vida. Algunos lo hacen desde los partidos, otros desde plataformas sociales, otros desde los ayuntamientos y otras desde los gobiernos. Todos y cada uno de los ciudadanos pueden aportar.

La política debe ser forçosament noble. Y si consideramos que otra persona no lo es o no lo es suficientemente, nosotros debemos intentar serlo más que nunca.

Todos estamos en condiciones de pedir lo que consideramos  más justo y mejor para los ciudadanos y todos debemos tener la capacidad de trabajar para conseguirlo. Seguramente  la gran mayoría de los ciudadanos estamos de acuerdo y clamamos por la libertad, la honestidad y el respeto a los derechos humanos y para mejorar la vida de las personas.

Pero ninguno de nosotros, -nadie-, tiene la autoridad para situarse por encima de los demás. Nadie estamos para dar lecciones a nadie, en todo caso sólo estamos facultados para trabajar para conseguir un mundo mejor.

La responsabilidad de cada uno de nosotros es la de saber gestionarnos a nosotros mismos, es decir nuestro dolor más profundo y nuestra propia impotencia.

Hoy, a mí también me toca gestionar la gran pena que siento por un concejal conducido de nuevo hacia la prisión y por sus compañeros prisioneros que son hombres y mujeres buenos y de paz.

Y hoy  también debo gestionar la pena que siento por los gritos e improperios dirigidos a personas que -con responsabilidades o no de gobierno-, fueron insultadas y agredidas, como respuesta a su propio dolor. Nada que ver con los partidos ni con la política.

El liderazgo es justamente eso. Sabernos gestionar para dar lo mejor de nosotros a los demás.

Todos nos podemos comprometer y todos lo podemos intentar. Así entre todos contribuiremos a hacer una sociedad mejor y como los pájaros y el cuco , hacer un vida más respetuosa y más armónica.

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