Liderazgo: el equilibrio entre compasión, comprensión y humildad.

Liderazgo: el equilibrio entre compasión, comprensión y humildad.

Liderazgo: el equilibrio entre compasión, comprensión y humildad.

Liderazgo: el equilibrio entre compasión, comprensión y humildad

En todas las organizaciones y en todos los proyectos el principal reto es conseguir realizarlos a través de formar equipos en los que existan las mejores relaciones humanas.

El entendimiento entre las personas es, -casi siempre-, lo más complicado y  es lo más importante.

No hay ningún proyecto que llegue a buen término si las relaciones personales de los miembros que  lo forman, no son buenas.

Pero las relaciones humanas de calidad parten de una premisa fundamental: la relación con nosotros mismos.
Las inseguridades personales, la falta de autoestima, y ​​las frustraciones más íntimas, son en buena parte los principales causantes de las malas relaciones personales.

Cuando peor relación tenemos con nosotros mismos, más necesidad tenemos de culpabilizar a los demás de todo lo que no sale como en gustaría que fuera.

La culpa hacia los demás, es el martillo más fuerte y más duro que muestra nuestras principales inseguridades.

En general tenemos la capacidad de argumentar la culpabilidad de los otros con mil y una razones –aunque no se ajusten en buena parte a la realidad– para taparnos nuestras propias frustraciones y debilidades.

El líder es honesto consigo mismo y lo es con los demás.

Para tener relaciones de calidad con las otras personas es importante que las vemos con ojos de compasión. Pero la compasión no puede ser nunca sentida desde la superioridad sino desde la comprensión de las carencias que tienen las personas que sacan el martillo de la culpa para descargar sus propias frustraciones hacia los demás.

Todos, debemos saber comprender, con humildad las debilidades propias y las ajenas. Y lo destaco con este orden: primero las nuestras, después las de los demás.

Sentir compasión implica tener mucha conciencia de uno mismo y ser muy generoso. En primer lugar con nosotros mismos. Sentir compasión es comprender que no somos perfectos, que somos vulnerables y que no somos todo lo que quisiéramos ser y en consecuencia saber que no podemos tener todo lo que materialmente deseamos.

Sentir compasión hacia los demás es comprender su dolor. Es saber entender el grito que expresa el exceso de ego, la superioridad y la amenaza. Es saber que aquel grito muestra las frustraciones.

El reto de ser compasivos con nosotros mismos y con los demás es alto.

Para ser humilde es necesario sentir paz y equilibrio interior.  Y para sentirlo no hay otra camino que reconocer nuestras debilidades y mirar con objetividad nuestra historia para poer comprender cuáles son las heridas y cicatrices que la vida nos ha dejado.

Y sólo desde la sincera humildad podremos comprender la herida de los otros y sólo así podremos contribuir a crear relaciones sanas y de calidad.

Es cierto que cuando las heridas internas, -heridas emocionales y psicológicas- son profundas e intensas, la comprensión a los demás no será en muchos casos suficiente para poder establecer relaciones personales de calidad. Será entonces cuando con compasión y humildad podremos comprender que el camino más efectivo es aportar lo mejor de nosotros en las relaciones. El resultado probablemente no será el deseado, pero seguramente será mejor que lo que encontraríamos desde el camino del enfado, el rechazo, el odio, la rabia o el desdén.

La compasión, la humildad y el amor incondicional son el mejor camino para establecer las mejores relaciones entre las personas.

El liderazgo también incorpora la capacidad para ser compasivo, generosos y humildes para serlo y dar a cambio de nada.

Intentémoslo pues nuestra sociedad lo necesita.

Pulsa aquí para leer más sobre humildad y liderazgo..

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