Liderazgo es la diferencia entre el “vicio del poder” y “la ética en el poder”.

Liderazgo es la diferencia entre el “vicio del poder” y “la ética en el poder”.

Liderazgo es la diferencia entre el “vicio del poder” y “la ética en el poder”.

Liderazgo es la diferencia entre el “vicio del poder” y “la ética en el poder”.

Pero … ¿qué significa poder? ¿Qué es tener poder? ¿Por qué se quiere tener el poder? ¿Por qué algunas personas necesitan tener poder permanentemente? ¡Es bueno tener el poder? ¿Es malo tener el poder?
¿Por qué tenemos la necesidad de criticar tantas veces a las personas que lo tienen?

Podemos buscar en el diccionario el Significado de la palabra PODER y encontraremos diferentes definiciones:

  • Facultad que pone en estado de hacer algo.
  • Derecho o capacidad jurídica de obrar por otros, y el instrumento o acta en que consta este derecho.
  • Dominio que se tiene sobre alguien o sobre algo.

    También encontraremos diferentes tipos de poder (coercitivo, de recompensa, legítimo, de referencia, experto, informativo … Fuente: tipo de poder según John R. French y Bertram Raven en 1959

Pero hoy deseo l compartir con vosotros la visión del poder que muchos de nosotros tenemos actualmente.

En estas días de agosto he tenido la oportunidad de ver la película “El vicio del poder” (Netflix), en la que se describe la vida de Dick Cheney (político y empresario estadounidense que fué el 46º vicepresidente de Estados Unidos. Ha sido considerado el vicepresidente más poderoso de la historia de Estados Unidos).

La película muestra perfectamente qué es el “vicio del poder”, siendo un claro ejemplo de lo que nunca debe ser el poder de un gobernante y como muestra vemos el dolor que crea en la sociedad.

Hay un escena de la película en la que Dick Cheney le pregunta a Donald Rumsfeld  (Secretario de defensa de Estados Unidos del Gobiernos de Gerald Ford y de George Bush):

“¿En qué creemos?” …
Y Rumsfeld responde con es un gran y sarcástico risa acompañante de las palabras:
“En el que creemos? Esta si que es buena …” jajajaja.

Creo que esta escena de la película es una muestra que representa muy bien lo que nunca debe ser el poder.
Y es justamente este, “el vicio del poder” lo que destruye nuestra sociedad. Es en este “vicio del poder” donde todo se hace, donde todo se permite, donde todo vale .. y no se tiene en cuenta ni se practica el respeto a las personas ni a sus necesidades ni los derechos de la ciudadanía .

El poder, entendido como la fuerza para poder cambiar las situaciones para mejorarlas, tiene todo el sentido y es y debe ser noble, ejercerlo. El poder lo puede tener esa persona que tiene conocimientos, valores y experiencia para ostentarlo. Sólo desde esta perspectiva tiene sentido el poder.

Si me vuelvo a referir a la película que me ha servido para ponerme a escribir esta entrada en el blog, -que hacía tiempo que tenía pendiente de hacerlo, podremos ver como el currículum personal y académico de una persona que llegó a tener tanto gran poder al frente de uno de los países más importantes del mundo, no era ni mucho menos el más adecuado para asumir tales competencias. La historia es testigo de ello.

Muy a menudo la necesidad de tener poder, exhibirlo y aplicarlo en el sentido más negativo, va ligado con muchas carencias personales normalmente fruto de infancias marcadas por falta de muestras de cariño o de exigencias desmesuradas o imposibles de cumplir.

La necesidad de tener poder, lleva al “vicio del poder“, y es en mi opinión lo que lleva a tener personas sin ningún tipo liderazgo (o mal ejercicio de lo que ellos o ellas consideran liderazgo) al frente de organizaciones e instituciones de todo tipo.

He hablado en otras reflexiones, la diferencia entre autorictas y  potestas.

Estas definiciones muestran la importancia de que el poder de una persona ante una organización política, social, gubernamental o empresarial se  deben fundamentar en el conocimiento, en la experiencia y en los valores, incluyendo obligatoriamente la ética.

El poder que da la potestas debe sustentarse con la autorictas. El verdadero poder te lo dan los demás porque te reconocen en su aplicación, desde la aportación de contenido y como consecuencia natural del lugar que  se ocupa.

El ejercicio del poder, cuando se fundamenta sólo en la “potestas” (por el lugar que ocupa o que se cree que se ocupa)  provoca la decepción, la crítica, y el menosprecio (a menudo discreto y disimulado) a quien la ejerce.

Este es un poder vacío, que puede durar tiempo, tanto tiempo como el que lo tiene, lo ejerza, pero indudablemente, nunca será reconocido verdaderamente por sus colaboradores, miembros de la organización o ciudadanos, como un líder.

El poder sólo tiene sentido ejercerlo desde el conocimiento, desde el equilibrio personal, desde la madurez emocional y desde los valores y sólo desde esta perspectiva se llega al ejercicio del poder con ética.

La sociedad está pidiendo que quiere gobernantes a todos los niveles que actúen desde la ética en el ejercicio del poder.

Se está condenando y pidiendo la desaparición del “vicio del poder” a todos los niveles. Bien es cierto que quien practica el “vicio del poder” tiene muchos recursos y herramientas para actuar a todos los niveles, sin contemplar ni la ética ni los valores.

El mundo actual, el de hoy, con la pandemia que siega vidas por horas, destruye puestos de trabajo por segundos, cierra empresas por minutos, distancia las relaciones personales más estrechas y coarta libertades individuales y colectivas diariamente, necesita de líderes que ejerzan el poder con ética.

y el mundo actual también necesita líderes que ejerzan el poder con ética, para lograr salvar el planeta, salvar ríos, océanos, fauna, flora y superficie verde. El tiempo se nos escurre entre las manos viendo como destruimos el planeta y el aire que respiramos. No hay tiempo que perder.

Es importante destacar que en nuestra sociedad también hay muchos políticos y directivos de todo tipo de organizaciones que ejercen el poder con ética.

Necesitamos cambiar los que ostentan el “vicio del poder” por líderes éticos, porque si no lo hacemos   de forma inmediata, los líderes éticos pasan desapercibidos, al igual que lo pasa su trabajo, muchas veces menoscabado  y destruidos por el vicio del poder.

Hacerlo es también responsabilidad de todos y aprender a distinguir en todo momento y en todos los niveles el vicio del poder del poder con ética.

Entonces todos sabremos ver el valor que tiene el buen ejercicio del poder.

 

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