El liderazgo, como un taburete de tres patas. Si falla una de ellas, se cae.

El liderazgo, como un taburete de tres patas. Si falla una de ellas, se cae.

El liderazgo, como un taburete de tres patas. Si falla una de ellas, se cae.

EL LIDERAZGO metafóricamente TIENE FORMA DE UN TABURETE DE TRES PATAS. SIN UNA DE ELLAS, EL TABURETE no se aguanta y se cae.

Escribir en Google la palabra “liderazgo” da como resultado: 1.300.000.000 de resultados. “Liderazgo” en mujer 111.000.000 resultados y “liderazgo” en mujer 846.000 resultados.

Este simple ejercicio da idea de su importancia y de su interés.

 

Aquí hay que añadir la cantidad de libros, artículos y blogs publicados así como cursos y seminarios que se imparten en todo el mundo.

El liderazgo atrae la atención de las personas. De una u otra manera, todos buscamos un referente con el que poder crear y compartir nuestra visión y sentirnos que formamos parte de un sistema que nos dé sentido de pertenencia.

Y todos, en el fondo, buscamos ser también líderes para poder contar, -en definitiva-, con el reconocimiento y admiración de los demás.

Quizás sólo renunciamos consciente o inconscientemente a querer ser líderes, en etapas de más o menos oscuridad personal, pero cuando conectamos de nuevo con nuestra manera natural de ser, volveremos a activarnos para buscar este reconocimiento.

Tal como define Drucker: “aunque los líderes natos existen, son pocos los que nacen para poder cubrir las necesidades actuales. El liderazgo, por tanto, se puede y se debe aprender “.

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El líder se forma a través del conocimiento y este conocimiento está formado por tres pilares.

Podemos decir que el líder responde al equilibrio que da un taburete de tres patas.

  1. Conocimiento técnico 

    La formación es fundamental para tener buenos líderes y buenos directivos.

    Sin conocimiento adquirido no hay líderes ni buenos directivos, ni directivos con liderazgo.

Para dirigir organizaciones y personas no es suficiente con haberse formado en competencias técnicas como son la economía, la ingeniería, la biología, la química, la medicina o la arquitectura, por ejemplo.

Un licenciado o graduado de la universidad no está formado para ser un buen directivo.

Para ser un buen directivo, la persona necesita formarse y adquirir competencias específicas para serlo.

Las escuelas de negocios ofrecen esta formación técnica y competencial y normalmente dan una formación de calidad.

Otras personas se matriculan en cursos especializados en las diferentes competencias directivas.

Los conocimientos que adquieren estos alumnos hacen referencia a las diferentes competencias que necesitan para dirigir:

  • Habilidades directivas
  • Trabajo con procesos
  • Comunicación
  • Técnicas para hablar en público
  • Gestión de equipos
  • Gestión de procesos
  • Gestión de conflictos
  • Gestión del cambio
  • Planificación y gestión de reuniones
  • Gestión del estrés
  • Gestión del tiempo
  • Negociación
  • Desarrollo de marca personal
  • Dirección orientada a resultados
  • Tipos de liderazgo
  • Herramientas telemáticas y colaborativas
  • Internacionalización

  • este conjunto de competencias para desarrollar habilidades directivas son necesarias e imprescindibles.

2. Experiencia

Todas las personas tenemos determinadas experiencias previas antes de ponernos a dirigir empresas, organizaciones y equipos.

A partir de todas las experiencias aprendidas, hemos conformado un conjunto importante de habilidades que formarán parte de la base de nuestra próxima responsabilidad directiva.

Es fundamental tomar conciencia de la propia experiencia y extraer los aprendizajes esenciales para desarrollar nuestro liderazgo.

En general la formación en liderazgo y competencias directivas de las escuelas de negocio van acompañadas de experiencias de otros directivos.

También, la reflexión de la experiencia vivida por otras personas, nos permitirá tener un punto de vista más completo sobre el que viviremos en el futuro.

3. El desarrollo personal para nuestro liderazgo.

Todos los que hemos asistido a cursos en los que nos han explicado las competencias y habilidad directivas, hemos comprendido el alcance de los contenidos. Una parte de estos conocimientos formarán parte de nuestro conocimiento para siempre.

Pero,  podemos coincidir que después de un tiempo nos es difícil recordar una buena parte de los conceptos que estudiamos y trabajamos en un curso. Después de algunos meses, no somos capaces de recordar y explicar los conocimientos que estudiamos.

 

Las buenas metodologías de formación, los profesores y la calidad de los contenidos, son sin duda, elementos que inciden directamente en que una parte del programa que hemos estudiado formará parte de nuestro conocimiento pasado el tiempo.

En paralelo, nuestra propia gestión interna como persona y como directivo ante las nuevas responsabilidades seguirán siendo nuestro reto.

Nos encontraremos con situaciones que después de haber estudiado las diferentes competencias directivas, seguirán siendo nuestro verdadero problema.

Por ejemplo:

  • ¿Cómo conseguir hacer un equipo sólido y potente?
  • ¿Cómo ilusionar al equipo?
  • ¿Cómo motivar?
  • ¿Cómo superar la inseguridad ante la toma de decisiones?
  • ¿Cómo ser objetivo en la toma de decisiones?
  • ¿Cómo gestionar las dificultades que nos pongan otros directivos de la propia u otras organizaciones?
  • ¿Cómo gestionaremos la frustración de no haber alcanzado los objetivos propios y del equipo?
  • ¿Cómo gestionaremos el carácter complejo de algunos de los miembros de la organización?
  • ¿Cómo ser humilde?
  • ¿Hay que ser ético? cómo conseguir serlo ante las situaciones muy competitivas?
  • ¿Cómo afrontaremos el desencanto y la decepción?
  • ¿Cómo procesaremos la impotencia de no poder transformar una situación?
  • ¿Cómo gestionar las traiciones (reales o percibidas)?
  • ¿Cómo gestionar un consejo de administración con el que no compartimos la visión?
  • ¿Cómo seguir adelante cuando no se tiene suficiente fuerza interna?

Son muchas las cuestiones que dependen de nuestra educación emocional y de nuestra propia gestión.

De hecho, si analizamos el motivo de la pérdida de responsabilidades de altos directivos de empresas, de políticos, y de organizaciones de diferentes tipos, podremos comprobar que el factor principal es este.

La buena gestión interna de uno mismo, es imprescindible para ejercer con éxito la responsabilidad que tenemos asignada.

Muy pocas personas pierden su puesto de responsabilidad por falta de competencias técnicas. Siempre el problema radica en la gestión de uno mismo. Y ese es todavía el verdadero reto que está pendiente de lograr.

EL liderazgo transformacional CONTEMPLA ESTOS TRES EJES DE CONOCIMIENTO:
CONOCIMIENTO TÉCNICO, EXPERIENCIA Y DESARROLLO PERSONAL.

¿Qué es el liderazgo transformacional?

Las escuelas de negocios y las universidades  van comprendiendo cada vez más esta tercera vertiente si bien los es la más difícil de abordar.

Después de que algunos profesionales y académicos expertos en liderazgo, hemos puesto la atención y hemos explicado la importancia de este tipo de formación, muchas de las escuelas de negocios han incorporado algunas sesiones de coaching para darles respuesta.

El desarrollo del liderazgo personal va mucho más allá de algunas sesiones de coaching y / y mentoring que se ofrecen y que se convierten en insuficientes.

En demasiadas ocasiones se asignan coaches con poca experiencia en hacer coaching a directivos y hacen un rol más de tutor que les escucha u orienta, que de verdadero coach.

La profesión de coach en nuestro país está realmente maltratada. La formación para ser coach suele ser superficial y de pocas horas de duración y con poca o nula selección de los alumnos que se formarán. Para ser coach de directivos es fundamental haber conocido la dirección de empresas y disponer de muchas horas de experiencia profesional como coach.

Esta tercera vertiente formativa y educativa del Liderazgo todavía no se ha integrado en la formación de los directivos.

El mundo académico, especialmente las escuelas de negocio y algunas universidades dan respuestas de calidad a la primera vertiente, la que forma en el conocimiento técnico.

Por otra parte, la vertiente del desarrollo personal para el liderazgo se les hace difícil de aceptar y afrontar por estas instituciones porque es un ámbito de conocimiento en el que hay pocos profesionales bien formados.

El perfil del profesional que puede hacerlo, no parte de unos textos escritos que sabrá transmitir al alumnado, sino que debe tener la destreza suficiente para lograr el desarrollo personal del alumno, sin darle consejos ni darle una clase de cómo debe ser él como directivo.

Estos tipos de actuación, dejan a los profesores y las escuelas en un espacio que los incorfortable, por desconocido, por incierto y porque antes de entrar en la clase, el profesor no sabe qué dirá, ni que le dirán los alumnos, ni qué le preguntarán. En definitiva este campo es lo que necesita disponer de profesores que han desarrollado su liderazgo para ser líderes para formar a sus alumnos. Y necesitan aprender una nueva metodología para formar a los directivos.

La solución NO es el coaching, ni el mentoring, ni la consultoría ni el crecimiento personal (por cierto este último, considerado con fuerza desprecio desde estas instituciones).

La solución es la incorporación de nuevas metodologías de formación y de educación que permitan formar a los alumnos desde otro paradigma. El coaching es una de las herramientas. No es la única.

Esta formación requiere destinarle horas. Requiere formación personalizada y trabajo en pequeños grupos. Esto implica una importante inversión económica, tanto para impartirla como para disponer de los profesores formados para ello.

Y también requiere de que los directivos de las escuelas de negocio y de las universidades, comprendan la importancia de esta dimensión de la formación. Hay que saber que también esta rama de la formación directiva se puede impartir a partir de metodologías de formación y por tanto a partir de la capacitación del profesorado. Es necesario y es posible aprender.

El tiempo nos demostrará que el reto que tenemos como sociedad, es poner el foco en esta tercera vertiente.

El verdadero cambio directivo vendrá a través del conocimiento inconsciente y del desarrollo de las personas por su liderazgo y para que aprendan a manejar sus inseguridades y aprendan a trabajar por valores. En definitiva para disponer de buenos líderes, es necesaria una buena formación académica y una excelente formación para el desarrollo personal.

El  día que tengamos  integrados naturalmente los tres ámbitos de conocimiento,  las organizaciones de todo tipo se podrán dirigir sin miedos y sin inseguridades y se podrán gestionar con éxitos los conflictos, las diferencias, los egos y las frustraciones. Y también se podrán plantear los grandes retos y alcanzarlos con éxito.

Las escuelas de negocios y las universidades tienen pendiente de integrarlo  y hacerlo con seriedad.

Podemos empezar hoy mismo.

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