El líder es ético. Sin ética no hay liderazgo.

El líder es ético. Sin ética no hay liderazgo.

El líder es ético. Sin ética no hay liderazgo.

El líder es ético. Sin ética no hay liderazgo.

En este mundo en el que a menudo utilizamos las palabras sin suficiente rigor, se define líder como el principal directivo de una organización. Estamos lejos de poder hacer esta afirmación y aplicarla en todos los casos.

Vivimos en un mundo en el que las organizaciones están dirigidas por muchos directivos sin liderazgo y el mundo está lleno de líderes que no ocupan posiciones directivas.

El problema radica en los primeros. Estar al frente de una organización (política, empresarial o social) sin tener suficientes competencias de liderazgo supone un gran riesgo. De hecho, cuando se da este caso (en demasiadas ocasiones desgraciadamente) los resultados los ve todo el mundo y provocan desánimo generalizado y desconfianza.

El líder es una persona comprometida con la organización. Respeta a las personas que forman parte de ella. Escucha y sabe escuchar. Sabe que lo que le expresan, lo que les ocurre, lo que quieren y lo que proponen. Se alimenta de ellos y les integra en un entorno de confianza. Sabe manejar las diferencias, los miedos y las inseguridades y tiene conocimientos técnicos para saber gestionar grupos y los problemas que se derivan de las relaciones personales.

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Y el líder sabe cuáles son sus valores y sabe que tiene que actuar de acuerdo con ellos y lo hace.

El líder es ético. No hay liderazgo sin ética.

En los últimos años  casi estaba todo estaba justificado para sacar adelante las cuentas de resultados y hacerlo para conseguir  las cifras económicas más altas. De alguna forma, el éxito social se medía por los resultados económicos de la compañía.

Cada vez más a menudo,  las organizaciones consideran los intangibles como un bien realmente valioso. Estos intangibles son las personas, su talento, su conocimiento, la capacidad de hacer equipo, el respeto, las condiciones de trabajo justas y fundamentadas en la confianza y el buen ambiente de trabajo.

Y uno de los intangibles que valoran especialmente las personas, es la capacidad de sus directivos de hacer lo que dicen. Hoy no se concibe como valor de una organización la mentira o las medias verdades.

Ser ético es difícil. Es fácil decirlo y es mucho más fácil hacer discursos sobre la importancia de la ética que  ser éticos en nuestro hacer diario.

La ética es un valor que se debe practicar en cada acto y en cada acción.

Ser ético significa ser limpio y transparente y poder mostrar el mundo el porqué de cada acción.

Es inaceptable pedir ética y aceptar actos que no lo sean realmente,sólo porque son favorables a alguien del equipo, a la propia organización o a uno mismo.

Ser ético requiere exigencia.

Las inseguridades personales, el querer mostrar la mejor imagen de uno mismo a los demás (como pueden ser los mejores resultados económicos u de otro tipo), el querer ser exitoso socialmente, la evitación de decir que no, la importancia suprema de los ingresos , no decir toda la verdad por miedo o por vergüenza, apropiarse del conocimiento o del trabajo de los demás … son motivos suficientemente claros que ponen en duda la ética.

El líder es ético. Y lo es porque tiene el coraje para afrontar de cara las circunstancias. Sabe que tiene que decir la verdad. Sabe pedir disculpas si se equivoca. No calla ante el error. Y es profundamente honesto, consigo mismo y con los demás.

Afortunadamente nuestra sociedad es cada vez más exigente con las conductas éticas de los gobernantes y cargos públicos, pero también lo es con sus responsables sean del ámbito que sean.

Exigencia y responsabilidad que todos hacemos extensivo a nuestro entorno.

Hemos iniciado un buen camino.

Ahora necesitamos ser exigentes con la ética y sobre todo necesitamos serlo a cada uno de nosotros.

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