JUICIO. El mío propio y el de los demás.

JUICIO. El mío propio y el de los demás.

JUICIO. El mío propio y el de los demás.

Realmente en el momento actual permite hablar del sistema judicial y la importancia de implantar el modelo de liderazgo transformacional a todos sus miembros, en su forma de relacionarse, actuar y dirigir. Es decir, el sistema judicial, al igual que la empresa, la política, medios de comunicación y las entidades sociales requieren de la incorporación de un modelo de trabajo y dirección fundamentado por valores.

Hace unos años tuve la oportunidad de compartir y coincidir en esta reflexión con uno de sus responsables el cual consideró que éste era un camino necesario para mejorar de forma efectiva el sistema judicial.

Pero … hoy estamos en tiempos convulsos, tiempos de movimientos intensos, tiempos en los que en lugar de aproximarnos a la dirección por valores, nos hemos alejado mucho más de lo que sería necesario e incluso imaginable.

Tendremos pues que esperar otros momentos para volver a plantear la importancia y la necesidad del liderazgo transformacional en el sistema judicial.

Pero más allá de esta reflexión introductoria, quiero referirme al juicio que las personas nos hacemos a nosotros mismos y a los demás, sean más cercanos o más lejanos.

Para la cultura y el entorno en el que hemos crecido y nos hemos “educado” hemos incorporado el juicio como un elemento activo para nosotros mismos y hacia los demás.

Son muchos los elementos que nos lo pueden indicar. Por ejemplo, en nuestro vocabulario a menudo hablamos de lo que está bien o lo que está mal, sea hecho por nosotros o por otros.

Consideramos que está bien o mal, apoyar o no apoyar a otras personas, a ideas, a acciones, a actuaciones que hacen las otras personas. Este juicio que hacemos sobre lo que está “bien” o “mal” nos sitúa claramente por encima, pues estamos diciendo que tenemos la potestad para “juzgarlo”.

La cuestión es: ¿Quién somos nosotros para determinar si está bien o mal lo que hacen otras personas en su vida cotidiana? Conocemos las circunstancias? ¿Por qué lo hacemos?

Nuestro día a día está lleno de juicios a los demás: esta persona es … y encontramos adjetivos positivos o negativos para definirla. Adjetivos que por sí mismos, la juzgan.

Esta acción la hacemos muy a menudo con personas que no conocemos directamente. El ejemplo más claro es con los políticos. En muchas ocasiones sólo los conocemos por los medios de comunicación, de los que no sabemos en muchos casos si nos transmiten la información de manera objetiva o sesgada. Pero también nos sirve para actrices, periodistas, escritores y personas que son conocidas en el ámbito público.

Y esta acción de juzgar a los demás también la hacemos en nuestro entorno personal y laboral.

¿Quién no conoce a alguien que ha hablado de nosotros y nos ha “dictaminado” sobre lo que hacemos o como somos, cuando no tiene ningún punto de coincidencia en la realidad?

Los juicios que nosotros u otros hacemos sobre los demás o sobre nosotros, están fundamentados en el exceso de ego y en un cierto nivel de soberbia. El juicio siempre busca menospreciar a los demás. Por lo tanto responde a que lo hacemos porque nos sentimos “con poder” para hacerlo y en consecuencia, nos sentimos “con poder” para menospreciar al otro, lo que sin duda hace sentir (falsamente) más grande” al que lo emite.

Juzgar a los demás es un síntoma claro de la falta de la propia consistencia y por tanto de la falta de liderazgo. Liderar es respetar, es comprender, es tratar a los demás de tu a tu, sabiendo que todas las personas tenemos fortalezas y debilidades. (Quiero recordar de nuevo, que todos podemos ser líderes y aplicar nuestro liderazgo en el campo que decidimos).

Actualmente el campo de la política está minado de juicios hacia los demás. Y ese es un indicador muy claro de la crisis del sistema político del momento. Los grandes liderazgos políticos históricos actuaron por valores (respeto, humildad, voluntad de servicio) y no emitiendo juicios hacia los demás. De hecho, hoy, todos seguimos admirando por ejemplo a Nelson Mandela cuando ha cumplido 100 años de su nacimiento y pocos nos detenemos a pensar cuál era su modelo de liderazgo político y social. Sin lugar a dudas era Liderazgo Transformacional.

Quiero pero dar un paso más en esta reflexión. El juicio a nosotros mismos.

Culturalmente nos han enseñado a juzgarnos y a plantearnos en todo momento si lo que hemos hecho está bien o está mal. Normalmente nos han enseñado que todo lo podemos hacer mejor y lo podríamos haber hecho mejor. Hay que añadir que, en función de la educación emocional y del impacto emocional que hemos recibido, las inseguridades se aliarán más o menos con uno mismo a la hora de juzgarnos a nosotros mismos.

Del mismo modo, en función de nuestra “solidez” interior, viviremos mejor o peor los juicios que los demás hacen de nosotros, porque en definitiva el juicio que nos hacen los demás, nos activa nuestro propio juez. Nos pone de nuevo en cuestión y en ocasiones los juicios que recibimos, nos duelen porque refuerzan el juicio que nosotros nos hacemos.

Nuestro juez interior es implacable. Nos dice en todo momento que “deberíamos haber hecho ….”. Nos fustiga y nos hace sentir culpables a través de nuestro propio juicio.

Después de haber tenido más de 2.500 directivos y mandos en sesiones de liderazgo, no me cansaré de repetir que “en todo momento las personas hacemos lo que consideramos que es mejor”. Ciertamente con el tiempo y mirando atrás, podemos pensar que lo podríamos haber hecho diferente. Pero siempre y en todo momento, con las circunstancias que teníamos y con la información que teníamos, en cómo nos sentíamos, hicimos lo mejor que sabíamos.

Aún sabiendo esto, nuestro juez interno sigue siendo implacable demasiadas veces.

A muchos de mis clientes les he dicho que cada día se tomaran dos pastillas de perdón. Ante su mirada perpleja se han dado cuenta de que tenían que bajar la fuerza de su implacable juez y reconocerse a sí mismos que la aceptación de lo que somos, lo que hacemos, de lo que sabemos y del cual actuamos en todo momento es la primera piedra de nuestro bienestar.

Vivimos en un sistema complejo donde recibimos mucha información por diferentes medios y esta información está fundamentada en el juicio. Bien y mal. Buenos y malos.

Es pues momento para potenciar más que nunca las acciones por valores y desde ahí disminuir la fuerza de nuestro propio juez. Con menos fuerza de nuestro juez, aumentaremos el respeto a las personas y a nosotros mismos y así haremos una sociedad mejor y nosotros nos sentiremos mejor.

También vendrán tiempos en que el juez interno de los jueces del sistema judicial, aprendan y practiquen sobre liderazgo transformacional. Pero de momento, podemos empezar todos nosotros a hacerlo. Ellos también.

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