La incertidumbre en tiempo de confinamiento.

La incertidumbre en tiempo de confinamiento.

La INCERTIDUMBRE en tiempo de confinamiento

Llevamos 24 días de confinamiento viviendo una de las situaciones sociales más duras de nuestra vida. Todos, tenemos el corazón en el puño. Contenemos la respiración esperando que cada uno de nuestros familiares y amigos sigan bien. Deseamos con todas las fuerzas, que la respuesta a un whats up sea “ya no tiene fiebre”, “ya ha salido de la UCI”, “las perspectivas son buenas”.
Seguimos la evolución de las cifras de afectados con sufrimiento y necesidad de ver cómo baja la “curva”. Sufrimos por  el día después.

Ya hace algunos años en mi anterior blog, escribí sobre la incertidumbre. Es una emoción compleja que requiere trabajarla. Y más en la sociedad del siglo XXI. Todos los que vivimos en el primer mund onos hemos acostumbrado a saber qué es lo que viene después. Un trabajo. Una casa. Una familia. Unos amigos.

De alguna manera hasta hace 24 días todos nos sentíamos cómodos sabiendo proyectar nuestro futuro.

Quien más quien menos, hemos pensado en nuestro quehacer diario, que un día cualquiera la vida se podía romper por una enfermedad o un accidente, aunque seguíamos avanzando por nuestra“zona de confort”.De alguna manera sacamos instintivament de nuestro cerebro la posibilidad de que todo se rompa. Supervivencia en estado puro.

La incertidumbre es incómoda. El “no saber” hace sufrir aún más que “el saber aunque sea negativo”.

La incertidumbre está formada por el miedo. Tenemos miedo a lo que nos es desconocido.

Esta mañana me decía una persona, que ya se ha acostumbrado a estar dentro de casa. Y la comprendo. Ante el paisaje desconocido que tenemos delante, la casa nos protege. Son 4 paredes y una ventana que nos evitan el contagios del virus, pero también hoy nos protege de caminar por un espacio incierto.

En frente tenemos un mundo desconocido y todos intentamos proyectar que el tiempo de transición pase rápido para volver a la seguridad que nos daba el mundo que conocíamos.

Sentimos vértigo. Vértigo por los futuros contagios. Vértigo de no poder quedar con los amigos de siempre o sentir la proximidad física de nuestra familia. Y sentimos vértigo sobre cómo será nuestra vida profesional y cotidiana.

Nos preguntamos:

  • ¿Se reactivará el comercio?
  • ¿Las industrias tendrán pedidos para hacer la producción? ¿Habrán clientes?
  • ¿Tendremos trabajo?
  • ¿Podremos ir al restaurante? ¿A desayunar en un bar?
  • ¿Podremos viajar?
  • ¿El comercio será nacional o internacional?
  • ¿Habrá ganado espacio el e-commerce, definitiva o temporalmente?
  • ¡La industria 4.0 será más importante o la robótica, por ejemplo, se relantizarà?
  • ¿Seguiremos igual, más o menos comprometidos con el medio ambiente?
  • ¿La sociedad se comprometerá con la proximidad y el km0?
  • ¿Habremos aprendido a dar valor a lo que realmente tiene? ¿o volveremos a la sociedad injusta y salvaje?
  • ¿Dotaremos al sistema sanitario de los suficientes recursos?
  • ¿Daremos a la investigación los recursos que necesita?Y lo más importante:
  • ¿Seremos capaces de hacer una sociedad más humana y más justa realmente?
  • ¿Cómo protegeremos y cuidaremos a los ancianos?
  • Y, ¿a quienes menos recursos tienen?
  • Y, ¿a los profesionales que trabajan?

Son muchas las preguntas que hoy todos nosotros nos hacemos. La incertidumbre sobre el futuro es total.

Cada persona reacciona de manera diferente a la incertidumbre y por tanto al miedo. Unos hablan de nuevos modelos de negocio, otros de prestaciones de desempleo y de créditos blandos y otros de futuras vacaciones.

En estos momentos de verdadera incertidumbre y por tanto de miedo, necesitamos ponernos en contacto con nosotros mismos, tratando de mantener la serenidad y la calma interior, en lo posible. Debemos obligarnos a “aislar” el miedo, dándole el espacio que merece (que no es poco), pero a la vez debemos saber que el futuro sólo lo haremos cada uno de nosotros, con nuestros recursos propios.

Ante la máxima incertidumbre, debemos saber que trabajando y queriendo salir adelante, todo tenemos que encontrar el espacio. Y sobre todo, debemos saber que todos y cada uno de nosotros vamos a salir adelante y lo tenemos que hacer, mirando a quien podemos dar la mano para ayudarle a avanzar. Y si lo necesitamos, saber mirar a quien nos da la mano para ayudarnos.

Los gobiernos tienen mucho que hacer. Ahora es verdadero momento de Europa y debe darnos soluciones.

Las empresas deben funcionar. Sólo así los ciudadanos tendrán trabajo y una vida digna.

Pero de momento, dentro de nuestras casas, tenemos que conectar con nuestra serenidad confiar en que somos resilientes por naturaleza. Quién sabe si el camino que nos queda por hacer, puede ser más bueno, aunque diferente a lo que nos había llevado hasta aquí.

Confiemos. Ayudémonos realmente. Sobrevivamos al virus. Venzamos el miedo y caminemos para construir el futuro. Diferente. Pero futuro al fin y al cabo.

La incertidumbre nos abre un camino para saber fortalecer nuestra seguridad y creer con nosotros mismos.

 

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