La honestidad para distinguir la realidad de la ficción en el liderazgo

La honestidad para distinguir la realidad de la ficción en el liderazgo

La honestidad para distinguir la realidad de la ficción en el liderazgo

La honestidad para distinguir entre  la realidad y la ficción en el liderazgo. Todo un reto.

Tal como he escrito tantas veces es importante hablar de liderazgo con rigor.

Líder y liderazgo son palabras que se sirvieron con mucha banalidad ya menudo hacen referencia a la persona que está al frente de una organización o de un proyecto y desgraciadament muchas veces no hay concordancia entre la responsabilidad que asume una persona y el su liderazgo.

Ser líder es complejo. Nadie nace líder. Ser líder se aprende. Requiere, –lo diré una y mil veces-, de coraje y de humildad. Hay quererlo ser. Es imprescindible querer mejorar, mirar dónde fallamos, observar nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestras carencias y también disponernos a reconocer nuestras fortalezas y nuestros valores, para serlo.

Nuestra sociedad está viviendo una intensa dualidad: coexisten, –puede que como nunca en la historia-, un número infinito de iniciativas humanitarias con potentes valores en paralelo con las acciones más cruentas (guerras, refugiados, explotación de personas .. .).

Y seguramente para dar respuesta a esta necesidad de contribuir a hacer una sociedad más justa y más humana, cogen cada día más importancia las disciplinas de desarrollo personal. Hay cientos: coaching, mindfulness, yoga, reiki … unas ponen más énfasis en la mente, otros en el cuerpo, y otros en el equilibrio entre cuerpo, mente y emoción.

Todas ellas aportan y pueden aportar elementos valiosos a las personas si se hacen con profesionalidad y se les da la importancia que les corresponde.

Ninguna de ellas hace magia ni ninguna de ellas hace el proceso de desarrollo personal, simple.

También en estas disciplinas reina demasiadas veces las superficialidad.

En muchas de estas disciplinas hay una tendencia a decir que hay que perseguir los sueños que tenemos. Y es cierto. Los sueños, los deseos y los objetivos son el motor de nuestras vidas.

Pero hay que saber analizar con profundidad que son sueños, que son deseos y que son objetivos.

No se pueden convertir los sueños en espejismos que se fundamenten en la superficialidad o en la ilusión de que sólo podría hacer la magia en un circo.

Saber qué se quiere, es fundamental. A menudo este es el principal problema de nuestras vidas: no saber en concreto que queremos en concreto para alcanzar la ansiada felicidad.

Así pues para transformar un sueño en un objetivo se necesitan como mínimo  tener en cuenta cinco premisas:

  1. Saber qué queremos conseguir en concreto
  2. Saber que el objetivo nos hará realmente felices
  3. Definir el camino para llegar
  4. Saber que este camino se transitable y el sueño es posible de hacerlo realidad.
  5. Assumir el impacto que tiene nuestra  decisión en los demás.

    La clave está en saber encontrar el equilibrio entre soñar, –incluso soñar en grande– para alcanzar los objetivos que nos mueven intrínsecamente y reconocer si es realmente posible alcanzarlo.

Puedes pulsar aquí para leer más sobre cómo alcanzar objetivos….

Hay que evitar depositar en un sueño unas esperanzas que sabemos que no se cumplirán.

Depositar la ilusión en un sueño verdaderamente imposible nos puede hacer sentir muy bien, porque este siempre puede actuar como motor para avanzar hacia el futuro (aunque no exista) obviando el presente.

También puede crear un espacio abonado para dar la culpa del fracaso a los demás.

Y esto puede conllevar el riesgo de delegar en la “ilusión de un mago” la omisión  de asumir la responsabilidad de nuestras acciones en cada momento.

Decir que todos los sueños se pueden hacer realidad es demagogia.

Decir que todos dependen de nosotros, también.

Vivir una vida sin luchar por nuestros sueños es un fracaso.

Encontrar el equilibrio entre tener sueños y asumir con responsabilidad la posibilidad de hacerlos posible es un verdadero reto.

Seamos valientes.
Seamos potentes.
Seamos realistas.
Trabajemos por nuestros sueños y por nuestros objetivos.

Pero sobre todo seamos honestos con nosotros mismos y no delegamos en las “ilusiones de un mago”, la falta de responsabilidad en nuestra vida actual.

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