El etiquetado de las personas

El etiquetado de las personas

El etiquetado de las personas

No puedo negar la atención que me genera ver los efectos negativos que tiene poner etiquetas a las personas.

Vivimos en un mundo en el que con facilidad nos atrevemos a definir los demás. A decir cómo son y cómo piensan los demás, cuando usualmente no se les lo ha preguntado ni se les ha escuchado.

Vemos etiquetas que se generan en función de diferentes motivos. Puede ser por el estilo de vestir, por ser socio de un club deportivo, por la proximidad a un partido político, por la profesión, por la formación, por la empresa en la que trabajas, por los amigos, por las personas con que te relacionas, por el peinado, por la pareja, por no tenerla, por la zona donde vives ….

En realidad el etiquetado de las personas, es un acto frívolo y es un juicio hacia los demás. Y es relevante tanto para la persona que lo hace como para la persona destinataria.

Esta acción tiene en su génesis el ánimo de desprestigiar al otro. Normalmente la etiqueta va acompañada de una actitud de desdén.

Pocas veces las personas nos paramos a preguntar qué piensan o cómo son realmente los otros, antes de ponerles una etiqueta.

El etiquetado de las personas, en definitiva lleva a determinar que hay “buenos y malos” en función si coinciden o no con “mi pensamiento”. Y podemos añadir: “si yo pienso que tú estás o no cerca de mi pensamiento”.

Todos nosotros hemos “sufrido” el etiquetado de los demás y también hemos etiquetado. (Unos más que otros).

Algunas personas responden: “no me interesa en absoluto lo que los demás piensen de mí”. Y esta respuesta puede ser cierta en algunas personas. Pero de alguna manera, -a todos- nos impacta la opinión de los demás sobre nosotros mismos. El hecho de decir “no me interesa la opinión que los demás tienen sobre mí”, es también una protección por el dolor que nos conlleva.

Como observadora no me deja de sorprender la ligereza de algunos en etiquetar a los demás.

Pero .. porque etiquetamos? Qué pretendemos al hacerlo?

Juzgar y etiquetar a los demás, tiene el efecto de hacer sentirse  en una zona de más confort y de más seguridad. Con más solidez personal menos se cae en la trampa. Cuando más seguro se siente una persona de sí misma, menos necesidad de etiquetar a los demás, tiene.

Una vez más podemos ver que las inseguridad personales se hacen presentes de una manera clara en aquellas personas que tienden con facilidad a etiquetar a los demás. Es decir, el etiquetador es siempre una persona con importantes inseguridades y con poca profundidad personal, es decir una persona que actúa poco de acuerdo con los valores.

Etiquetar a los demás es una falta de respeto a las personas.

Respetar es comprender a los demás. Escucharlos. Hablar con él. Descubrir su pensamiento en determinadas cuestiones si es que tiene interés. Y es debatir con la otra persona si tienen puntos de vista diferentes en caso de que los tengan. Puede darse el caso, que después de hablar con él, se descubra que piensan justamente lo contrario de lo que inicialmente un / a había dado por hecho lo que el otro pensaba.

El campo de la política es uno de los terrenos donde más se etiqueta. Entre los políticos y entre los supuestos seguidores de opciones políticas. Pocas personas conocen los partidos políticos más allá de las noticias que ven o escuchan a través de determinados medios de comunicación. Quedan sólo las ideas prefijadas y potenciadas por estos medios, normalmente tendenciosos.

El liderazgo transformacional es aquel que funciona para valores. Es el que saca lo mejor de las personas y presupone también obtener lo mejor en los demás. Es respecto. Es comprender. Es escuchar. Es diálogo. El etiquetado a las personas es la prueba más clara de la falta de liderazgo.

Reflexionar sobre esta práctica vale la pena. Tiene sentido. Porque al fin y al cabo, todos podemos coincidir o discrepar en la forma de pensar. Pero hay que saber si las opiniones que creamos y distribuimos sobre los otros se ajustan o no a la realidad.

Ello nos permite pues contribuir a hacer un mundo mejor dejando atrás la práctica de etiquetar a las personas, teniendo en cuenta que en muchos casos no conocemos la realidad, ni de sus acciones ni de su manera de pensar.

 

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