La educación de los niños: base del liderazgo de los adultos

La educación de los niños: base del liderazgo de los adultos

La educación de los niños: base del liderazgo de los adultos

La educación de los niños: base del liderazgo de los adultos.

Estoy segura de que un país funciona mejor cuando más recursos de todo tipo se dedican a la educación y la formación.

Educar y formar no son sinónimos. Educar engloba la formación pero da un paso más allá. Educar es suministrar herramientas para poder formarse, pero también para tener opinión crítica con fundamento. Es aprender y consolidar valores y saber actuar de acuerdo con los valores. Por lo tanto, es tener la capacidad de respetar y comprender a los demás, y en definitiva da herramientas para tener una visión a 360º de lo que ocurre en la vida a uno mismo y al entorno.

La educación permite crear un mundo donde no todo se reduce a buenos y malos, sino que permite razonar, fundamentar opiniones, comprender y desde la comprensión y el respeto, llegar a acuerdos.

Por algún motivo incomprensible nuestro país no se ha comprometido nunca seriamente con la formación.

Ni el Congreso de los Diputados, ni el Parlamento de Cataluña han sabido tratar la educación como un pilar fundamental de nuestra democracia y por tanto conseguir que sea motivo de un verdadero “pacto de estado“. Esto significa hacer un acuerdo político, con el consenso de todos los partidos para dotar de la mejor formación a los niños, a los jóvenes y a los adultos.

Una de las diferencias principales de los países más maduros democráticamente y más avanzados, es la importancia que se le ha dado y se da a la formación.

Nosotros estamos en un país, (España y Cataluña) que confiamos la educación “sólo” a la dedicación y vocación de los maestros. Debería ser uno de los colectivos mejor formados, más cuidados y uno de los que recibiera más apoyo de los gobiernos y de la sociedad. Y sólo hay que ver el número de barracones, las dificultades que tienen los maestros para dar respuesta eficaz a la diversidad de alumnos que tienen en clase y la falta de recursos de todo tipo. Y este apoyo a los maestros y la formación va desde la edad infantil, primaria, secundaria, formación profesional, formación profesionalizadora y la formación universitaria.

La formación a lo largo de la vida debe ser sin duda una de las principales prioridades de los gobernantes. Es imprescindible cambiar discursos por hechos.

Y desgraciadamente la formación y la educación siempre son la herramienta que llena los discursos pero rara vez se hacen acciones firmes para darle el apoyo que merece.

Si queremos un país donde haya justicia social, que sea creador de empleo y económicamente fuerte y sostenible para dar respuestas a las necesidades sociales de la población, hay que comprometerse seriamente para apoyar la educación.

La educación en la edad infantil incluye forzosamente la educación emocional. Formar a los niños en valores y en la gestión de sus emociones.

Hay que formarlos y educarlos para afrontar la frustración, el desengaño, la tristeza, la pérdida, el vacío, la soledad, el fracaso y también hay que educarlos en el compromiso, en el esfuerzo, en la importancia de la trabajo bien hecho y del conocimiento, en el respeto a los demás, al actuar sin juicio, en saber comprender a los demás, al ser empáticos y a gestionar el éxito y compartirlo con los demás.

Sólo un país que es capaz de hacer comprometerse para apoyar la formación y la educación será el país que dispondrá de verdaderos líderes.

Los políticos de hoy lo tienen que saber y lo deben saber hacer y deben hacerlo. El liderazgo también es su asignatura pendiente. Aunque parezca imposible estamos a tiempo. Hay que hacerlo. Es más que necesario. Es imprescindible. Porque sin educación nuestra sociedad se degrada y se degrada por la falta de conocimiento y especialmente por la falta de valores.

Hagámoslo.

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