La dirección y la gestión fundamentada en valores

La dirección y la gestión fundamentada en valores

La dirección y la gestión fundamentada en valores

En un mundo como el actual en el que es muy frecuente oír hablar de valores, es seguramente el momento de la historia que se tiene menos conocimiento.

Empezaré haciendo referencia a tres conceptos: puntos fuertes, creencias y valores. Pocas veces nos paramos a identificar cuáles son nuestros puntos fuertes, nuestras creencias y nuestros valores. Los puntos fuertes, son competencias que tenemos.

Somos por ejemplo: activos, ordenados, creativos, valientes, fuertes, sensibles, comunicadores, intuitivos, trabajadores … Cada persona tenemos más o menos facilidad en determinadas competencias.

Nuestras creencias son resultado de nuestra educación y cultura. En nuestra vida, hay muchas creencias que nos determinan.

Son muchas ejemplos que podemos encontrar en nuestras vidas y son diferentes en cada persona: trabajar más horas significa que se es más responsable o más trabajador, la alimentación vegetariana no provoca aumento de peso, los hombres expresan menos las emociones, las mujeres son más sensibles …

En algunas personas las creencias religiosas ocupan un espacio importante. Las creencias nos ayudan en nuestra vida, porque forman parte de nosotros, pero a la hora son limitantes.

Si somos capaces de ver más allá de algunas de las creencias que tenemos, -y que pueden sernos incluso transparentes, para formar parte de nuestra vida diaria-, podremos tener una visión más amplia en nuestra vida.

Es relativamente simple identificar nuestros puntos fuertes o competencias y nuestras creencias porque las podemos observar aplicadas a ejemplos y acciones concretas.

Los valores nos dan identidad. Todos somos capaces de saber cuáles son los valores que nos gustan. Pero difícilmente sabemos cuáles son los valores que nos dan nuestra identidad.

A todos nos gustan los valores de la justicia, el respeto, la bondad, la generosidad, la humildad, la voluntad de servicio, el coraje …

Es frecuente que las personas confundamos valores y puntos fuertes.

Los puntos fuertes que tenemos cada uno de nosotros, son competencias y por tanto lo ponemos en práctica. Somos valientes, somos trabajadores, somos ordenados …

Sabremos qué son valores, cuando sentimos dolor cuando éstos no son respetados, bien sea a nosotros mismos o en otro. Por ejemplo, ante una injusticia a un compañero, podemos sentirnos dolidos. Es diferente ser justo, que tener la justicia, como valor.

Decía al principio de este post, que en la sociedad actual, se habla a menudo de valores. Si somos capaces de saber identificar nuestros valores, tenemos ya un paso importante logrado para construir nuestro liderazgo.

Debemos saber qué es fundamental para nosotros.

Para unas personas será más importante la bondad o la lealtad y para otros será la libertad o la justicia. Para todos nosotros estos valores son importantes, pero cada persona tiene los valores en diferente posición de la escala personal. Es bueno reflexionar.

Este bloc trata fundamentalmente de liderazgo y en concreto de liderazgo transformacional.

El líder transformacional actúa de acuerdo con sus valores y eso es lo que le da credibilidad. La frase a menudo puede considerarse “natural”. Pero es verdaderamente difícil actuar de acuerdo con los valores, cuando esta acción implica renuncias personales.

Son muchos los ejemplos que podemos encontrar:

• Seguir en un puesto de trabajo, en el que percibimos irregularidades, si consideramos un valor importante para nosotros, la honestidad.

• Decir que tenemos el valor de la justicia como uno de los principales, y favorecer condiciones laborales injustas entre los empleados.

• Decir que la sinceridad es un valor, y no ser capaz de reconocer un error.

• Decir que un valor fundamental es la voluntad de servicio, y no cuidar de los familiares.

Las personas y los líderes son creíbles cuando actúan de acuerdo con sus valores. Entonces las otras personas creen en él. Y estas actuaciones se producen en muchos momentos de la vida personal y profesional y la credibilidad queda consolidada cuando estas acciones implican acciones difíciles por los intereses propios de la persona.

A menudo los discursos son fáciles de hacer y actuar de acuerdo con los valores es mucho más difícil de hacer.

Las empresas y las organizaciones deben saber identificar sus valores. Tienen la obligación de diseñar una cultura que fundamente las acciones de todos en estos valores (trato con los clientes, proveedores y personal propio y externo, política de ventas, de reclamaciones, de tratamiento de errores, políticas sociales y de sostenibilidad, etc ..).

Es ciertamente un reto complejo y a su vez, apasionante. El resultado de trabajar por valores tiene un impacto altamente positivo en toda la organización y en la sociedad.

 

 

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