Asumir la propia responsabilidad, -sin excusas-, es liderazgo.

Asumir la propia responsabilidad, -sin excusas-, es liderazgo.

Asumir la propia responsabilidad, -sin excusas-, es liderazgo.

La sociedad en el que vivimos es compleja. Son muchos los jóvenes que están en paro o tienen trabajos precarios. Y también es compleja para las personas mayores que quieren reincorporarse al mundo laboral. El trabajo de muchas personas, jóvenes, de mediana edad y también para los mayores es difícil de gestionar y mantener.

Las condiciones de la vida laboral actual son complejas para la mayoría. Hay mucha competencia entre los candidatos y mucha competencia entre empresas de todo el mundo con condiciones diferentes en muchos países.

Por lo tanto este post, el comienzo haciendo un reconocimiento a todas las personas por las dificultades con las que se encuentran en su entorno laboral, estén o no en paro, y para afrontar la vida que esta sociedad nos ofrece.

En paralelo, a todas estas situaciones se añade la preparación personal de cada uno de nosotros. Esta preparación incluye la preparación técnica, la educativa y el desarrollo personal.

Quiero poner atención en el tercer aspecto. Tras adquirir conocimientos y competencias para ejercer una profesión, está el aspecto personal en cuanto a cómo se afrontan las dificultades.

¿Cuál es el principal enemigo del desarrollo personal?

Son varios:

  • El primero hace referencia a las inseguridades personales. Las personas si tenemos miedo a definir nuestros objetivos es porque sentimos que no podremos alcanzarlos.
  • A menudo sabemos que tenemos que hacer, pero tenemos miedo de no saber llegar al objetivo que queremos alcanzar.
  • A veces incluso no sabemos identificar el objetivo. Es tanta la inseguridad que tenemos que nos impedimos fijarlo para no fracasar al intentarlo.

Todas las personas somos expertas en crearnos un “mundo irreal” sustentado por excusas de todo tipo que nos den las razones para no avanzar, para no hacer o para no decidir.

Nuestra (no) educación emocional nos ha llevado a darnos menos valor del que tenemos y a no ser conscientes de todas nuestras fortalezas y puntos fuertes.

Algunas personas viven inmersas en un mundo en el que ellos mismos se  devalúan y se convierten en  sus principales enemigos para llegar alcanzar lo que verdaderamente les interesa.

Las causas normalmente están en nuestra niñez donde se ha  construido la (in)seguridad personal y por tanto la emocional. Normalmente no se es consciente o no se quiere ser consciente de ello. Sabemos que tenemos miedo. pero nos lo negamos. Y nos lo negamos llenándonos de excusas que se  traspasan al exterior.

Palabras y frases como:

  • A mi edad es imposible que me acepten en una oferta de trabajo
  • Las personas mayores no son valorada en el mundo profesional
  • Hace demasiado tiempo que no trabajo y eso me cierra todas las puertas
  • Siempre he trabajado en un departamento concreto (financiero, comercial, etc ..) y por tanto no puedo aspirar a ninguna otra puesto de trabajo. No me contemplarán.
  • Soy demasiado joven para presentarme a esta oferta de trabajo
  • No entenderán mi proyecto
  • El mundo no está preparado para el proyecto que yo tengo
  • No es el momento

En realidad somos capaces de crearnos excusas que todos nos explicamos muy bien y las compartimos con otros para tratar de convencernos a nosotros mismos.

Es fundamental saber poner atención en la diferencia entre nuestra miedo limitador y la realidad.

Los miedos viven y crecen siempre en aspectos de la realidad. Debemos saber hasta qué punto una persona hace  crecer el miedo, lo tapa con excusas, y donde empieza y dónde termina la realidad.

Por otra parte cuando sentimos inseguridades nos paralizamos total o parcialmente y es entonces cuando deseamos o pedimos (con palabras o hechos) que las otras personas (jefes, amigos, compañeros …) nos saquen de la situación de la que no sabemos o no podemos salir por nosotros mismos.

Es importante que sepamos identificar los miedos que nos paralizan, responsabilizarnos para superarlas y evitar traspasar a las otras personas, la (no) responsabilidad que tienen de sacarnos de la situación en la que nos encontramos.

Expresiones como las siguientes:

  • No me valoran y no me promocionan
  • No me ayudan
  • No me tienen en cuenta
  • Me podrían hacer contactos que no me están haciendo …

Si bien es cierto que estas casuísticas se pueden dar, debemos analizar siempre hasta qué punto la responsabilidad es nuestra, actuando desde los miedos, y qué parte es de los demás, por su manera de actuar.

Seguro que todos conocemos personas que esperan que alguien vaya a “salvarles”.

Y es fundamental tener claro, que cada persona es la única responsable de superar determinados miedos que la paralizan. Claro, que debe permitirse reconocer que tiene miedo e inseguridad.

Por ello, hay una vez más, mucha humildad con nosotros mismos y utilizar fuerza y ​​coraje para superar nuestros miedos. Algunas veces lo podemos hacer solos, otros con un coach y si es necesario, con la ayuda de un psicólogo. Buscar ayuda es también un signo de humildad y un camino indispensable para superarnos.

El liderazgo es ser sincero con uno mismo. Trabajar para saber qué nos da miedo y como nos limita y cómo es la realidad en estado puro. Un proceso nada fácil. Pero es un camino que vale la pena, porque nos lleva a hacer lo que realmente queremos y deseamos. En definitiva nos lleva a nuestra plenitud.

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