Ante la incertidumbre: fortaleza y adaptación, consciencia y confianza.

Ante la incertidumbre: fortaleza y adaptación, consciencia y confianza.

Ante la incertidumbre: fortaleza y adaptación, consciencia y confianza.

Ante la incertidumbre: fortaleza y adaptación, conciencia y confianza.

Hablábamos hace unos días en este blog sobre la importancia de saberse adaptar y especialmente en tiempos de dificultades y de cambios.

Pero todos somos resistentes a los cambios. Y lo somos porque todos sentimos miedo a lo que nos es desconocido.

Por un principio puro de supervivencia, las personas tendemos a movernos en entornos y situaciones que nos son conocidas. Nos atrevemos al cambio, cuando vemos lo que nos aportará. Por lo tanto, normalmente, hacemos cambios cuando sabemos qué es lo que nos espera a continuación. Esto significa un riesgo limitado.

La verdadera complejidad las personas la encontramos ante la incertidumbre.

Ahora, en plena pandemia, tenemos dos elementos fundamentales que nos adentran en la incertidumbre: la salud y el trabajo.

El virus está por todos lados y por lo tanto, aunque la mayoría de personas somos prudentes y responsables, desconocemos si en un momento cualquiera puede infectar nuestro cuerpo y si al hacerlo, las consecuencias serán leves, graves o muy graves.

La pandemia tiene, obviamente, un efecto directo en nuestras vidas, tanto en el ámbito social, como en el ámbito económico. Se han destruido miles de puestos de trabajo y las formas de trabajo han cambiado y seguirán cambiando. Los hábitos de consumo se  han modificado y se seguirán modificando.

Si hay una idea en la que todos coincidimos es que no sabemos ver el final de la pandemia, tanto en lo que se refiere al propio virus como a los cambios que se acabarán produciendo a todos los niveles de la sociedad.

Por tanto, no sabemos qué  será necesario saber. No sabemos qué deberemos hacer ni cómo lo tendremos que hacer.

En estos días de agosto hay una imagen que podría definir bastante bien el estado de la situación:

Estamos en medio de una fuerte tormenta, y al mirar hacia adelante vemos unas nubes negras que hacen suponer que con muchas probabilidades la tormenta seguirá descargando con fuerza. No sabemos por cuánto tiempo, ni con qué fuerza descargará.

Ello nos lleva a ver, vivir y sentir:

INCERTIDUMBRE

La vida sólo nos empuja hacia delante. Y en estos momentos, forzosamente debemos seguir avanzando aún  viendo que nos dirigimos hacia las negras nubes que hay en el horizonte.

Para protegernos, las personas, en condiciones normales, viendo que nos vamos hacia la tormenta, nos daríamos la vuelta y iríamos  en dirección contraria. Pero en este caso, evidentemente, no es posible. Estamos en plena tormenta y debemos que seguir obligatoriamente hacia la dirección de la tormenta.

La vida va hacia adelante.

Como decía, la supervivencia del ser humano, nos obliga a ponernos en alerta. Y el miedo es una gran señal de alerta. Y es que sentimos miedo cuando estamos ante el riesgo. El miedo es una herramienta que nos informa de que estamos en riesgo. Tengámoslo presente.

Pero ante este estado: “miedo” porque estamos en “alerta” ante el “riesgo“, debemos saber identificar lo que es el miedo y a conectar con nuestro conocimiento y con todos nuestros recursos, que son infinitamente superiores a los que podemos imaginar.

No voy a caer en la superficialidad de decir que es fácil salir de esta tormenta que vivimos ni de la que vemos venir. Las condiciones que tenemos y que tendremos se presentan difíciles o muy difíciles. Más allá de la preocupación por la salud, tenemos empresas sin pedidos y personas sin trabajo y por tanto en el paro.

Ciertamente hay quien dice y es cierto, que todas las situaciones abren oportunidades. Y es adecuado especialmente para todas aquellas personas que tienen un nivel de formación y de experiencia elevados o quienes tienen recursos económicos para afrontarlo.

Pero la realidad se impone. Las empresas con importantes crisis y muchas personas en paro, nos llevan a un escenario duro.

Ahora es el momento, por difícil que sea, de saber gestionar la incertidumbre. De tomar conciencia de que el miedo es la señal de alarma ante el riesgo y distinguirlo de lo que es la realidad.

Las personas tenemos recursos personales infinitos. Muchos más de los que nos imaginamos. Sólo los podemos activar si somos capaces de mirar adelante y tratar de no bloquearnos por el miedo.

Ahora es tiempo para entregarnos a hacer lo que todavía no habíamos hecho, es tiempo para colaborar y / o unirnos con los colaboradores y con los competidores.Tiempo para aprender a pedir ayuda y para dejarnos ayudar.

Y también es el momento de dar el valor a las personas y su conocimiento. No serán ni las máquinas, ni los ordenadores, ni los robots quienes nos sacarán de esta situación. Sólo el talento, el trabajo y la capacidad de establecer buenas relaciones  para trabajar en equipo lo harán posible.

Cuando la tormenta cae con fuerza, el camino es arduo y estrecho. Pero siempre después de la tormenta viene la calma, y ​​recordemos que a menudo luce el sol en el cielo azul y limpio. Ahora nos parece imposible, pero vendrán nuevos tiempos.

Entre todos tratemos de identificar los miedos que sentimos, observemos con una mirada amplia y tratemos de avanzar. Pongamos a las personas en el centro y respetémoslas tanto como podamos, porque sólo desde el respeto a las personas y a todo su valor  podremos salir de esta situación tan compleja.

El verdadero drama es que la tormenta ya se ha llevado y -desgraciadamente se llevará-, a muchas personas que también estaban dispuestas a caminar y superar las dificultades.

Ojalá que todos podamos practicar la gestión de la incertidumbre, la superación de los miedos y la gestión del riesgo, contando siempre con el valor y los valores de todos nosotros.

 

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