Agradecimiento: un sentir durante y después de la pandemia.

Agradecimiento: un sentir durante y después de la pandemia.

Agradecimiento: un sentir durante y después de la pandemia.

Agradecimiento: un sentir durante y después de la pandemia.

Vivimos casi en formato de piloto automático. Despertarse. Escuchar y leer las noticias (normalmente negativas y de confrontación política). Ponerse al día con los correos. Una ducha. Un café y vuelta al trabajo. Nos dedicamos a las cuestiones más cotidianas, con el máximo compromiso del que somos capaces. A veces con temas menores, elevados a la categoría de problema. Una cena. Una conversación.

Y un día cualquiera, un hecho excepcional llega a nuestras vidas.

Una “simple” fractura de un hueso, una enfermedad grave, procesos de vida duros de alguien querido, amigos en paro o una inimaginable pandemia, nos golpea. De repente el mundo nos habla. Debemos escuchar.

Ante los fuertes impactos, vivimos los días con diferentes emociones: impotencia, tristeza, rabia, negación, aceptación, incredulidad, dolor, angustia, necesidad de ser positivos, necesidad de confiar e incluso sentimos ganas de salir huyendo.

Esta pandemia nos ha llegado de golpe. De la noche a la mañana. Sin avisar, o al menos sin avisar con suficiente intensidad para ser conscientes de lo que nos venía encima.

Alguien publicaba esta semana que en el planeta tierra se pueden pesar en total 3 gramos de Covid-19, y vemos como esta ínfima cantidad, puede ser tan potente y llevarse tantas vidas, tanta salud y tantos puestos de trabajo.

Y todos hemos visto en medio de tanto dolor, las mejores acciones, las mejores conductas. Algunas las hemos conocido. Miles de acciones generosas han sido anónimas.

Y en nuestras vidas, algo también ha cambiado. Para muchos la conciencia de funcionar “menos aún” con este “piloto automático”.

Seguramente los que ya habíamos tomado conciencia de la importancia de cada gesto, de cada conversación, éramos lo que ya sabíamos dar valor a los pequeños grandes momentos. Somos muchos los que lo sabemos hacer. Pero el Covid-19 nos ha dado a muchos de nosotros, una doble dosis de conciencia del valor que tienen las relaciones personales de calidad. Aquellas que nos hacen latir, que nos hacen sentir vivos y que se fundamentan en la confianza.

Mañana iniciaremos una nueva fase de desconfinament. Nos dará la posibilidad de estar con familiares y amigos a quien hace tres meses que no nos vemos y con quienes nos escuchamos o miramos a través de una pantalla.

Para mi este es un momento para agradecer a todos los que habéis estado a mi lado.

Quiero y necesito agradecer los mensajes, las llamadas, los WhatsApp, los gestos, los regalos que han llegado, las flores por la mañana, el cava rosado por la noche, la complicidad, las felicitaciones, las conversaciones, la disposición de compartir angustias y crear instantes de distensión y de risas.

Agradecimiento.  Es el sentimiento más profundo que siento estos días de inicio de post-confinamiento.

Gràcies Tati, Ricard, Mercè, Esther, Joan A., Elena, Maru C., Maru S., Josep Mª B., Josep A., Josep B., Josep R.,  Jordi A., Jordi B., Jordi C., Quim, Toni A., Toni M., Pili, Marta C., Marga, Anna, Manel, Alex, Isabel, Josep Lluis, Sònia, Rosa, Maria, Silvia, Eva, Mar, Arcadi, Xavi, Isem, Blai, Rosvi, Mònica, Pilar, John, Maribel, Joaquim B., Manuel, Olga, David, Lluis, Azu, Marta D., Aurora, Javier M., Josep M., Juan Carlos..

No estoy escribiendo todos los nombres de todos los que habéis estado. Os agradezco a todos los que he mencionado y a los que no lo he hecho, los muchos momentos compartidos.

Gracias a los 15.000 visitantes de este blog durante la pandemia. Gracias por formar parte de esta comunidad que creemos en que es posible mejorar la sociedad aprendiendo sobre valores.

Gracias por las conversaciones de estas semanas, por haber compartido los momentos bajos y los más altos. Los de darnos ánimos para trabajar y para seguir. Y sobre todo para hacer aún más tangible que lo que todos nosotros ya sabíamos:

El valor de las buenas relaciones, de la calidad humana y de la conexión más sincera. Este es el valor verdadero valor de la vida.

Me sumo una vez más al reconocimiento de las buenas acciones del personal sanitario, de limpieza, social, de seguridad y de emergencias, de las industrias que han funcionado superando muchas dificultades, del comercio y de su personal. Hoy añado a este reconocimiento,  el agradecimiento a las personas más cercanas de mi vida.

Es mi momento de decir GRACIAS!

Gracias por vuestro apoyo, por vuestra amistad y por haberme ayudado y cuidado.

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