¿Soy yo quien decide lo que tu “debes” sentir?

¿Soy yo quien decide lo que tu “debes” sentir?

¿Soy yo quien decide lo que tu “debes” sentir?

El mundo de las emociones es complejo y cada uno de nosotros sentimos de manera diferente. Podemos decir que nuestro sistema emocional es personal e intransferible.

Nuestra educación nunca ha hecho hincapié en la educación emocional y en consecuencia no sabemos gestionar nuestras emociones y reaccionamos tanto de manera privada como externa, como sabemos y como podemos.

Tendemos a huir de las emociones negativas. Si sentimos tristeza, pensamos que no deberíamos estar tristes. Si sentimos rabia, consideramos que debemos salir de este estado porque no es bueno. Si nos sentimos decepcionados nos contamos a nosotros mismos que tenemos que encontrar motivos para ilusionarnos. Si sentimos frustración nos preguntamos qué podemos hacer para dejar de sentirla. Si sentimos miedo nos bloqueamos y nos argumentamos que debemos dejar de sentirlo. Y así podríamos seguir analizando las reacciones a nuestras emociones.

Una manera efectiva de salir de las emociones negativas es aceptándolas y viviéndolas y, normalmente no consideramos esta opción.

Si estamos tristes, el único camino para superar la tristeza es aceptando la tristeza y sintiéndola. Normalmente estamos tristes por motivos concretos: decepciones, pérdidas, deslealtades, frustraciones … Las personas tenemos que poder sentir y vivirlo. Sólo así saldremos de la emoción.

De hecho si hacemos la reflexión en sentido inverso, no comprenderíamos que ante situaciones adversas no sintiéramos tristeza, por ejemplo.

La rabia, la frustración, la decepción, la impotencia, la tristeza, el miedo, la inseguridad … son emociones naturales que nos informan y nos ayudan a identificar lo que nos ocurre y a reaccionar ante las situaciones adversas. Sin ellas, seríamos inertes.

También tenemos todo un mundo de emociones positivas: la ilusión, la alegría, la plenitud, la paz … que nos son confortables aunque no siempre sabemos vivirlas en toda su dimensión.

Por lo tanto, podemos darnos cuenta que las personas tendemos a creer que es bueno minimizar las emociones, -especialmente las negativas-, pero también las positivas.

Es importante que aprendamos a reconocer y a identificar nuestras emociones y permitirnos vivirlas. Sólo así las podremos superar.

Pero haré un paso más en esta reflexión.

En esta (no) educación emocional las personas nos atrevemos a decir a los demás cómo deben sentirse. Si sienten poco o demasiado una emoción o incluso si la deben sentir.

Es frecuente escuchar consejos sobre cómo debe sentirse otra persona.

Pero no sólo hay consejos, sino que también emitimos juicios sobre las emociones de los demás.

Frases como: “lo sufres demasiado”, “te implicas demasiado”, “has de poner distancia”, “te debes distraer”, “tu emoción esconde otros motivos”, “tienes que aprender a separar lo que es trabajo de lo personal “,” no tiene ningún sentido que te lo tomes así “,” no es para tanto “,” no sufras porque al final no pasará nada “,” se solucionará .. no sufras … “, son expresiones que guardan el juicio que emitimos hacia los demás.

Cada uno vive las emociones a su manera.

Estas expresiones que todos hemos escuchado decir y que también nosotros hemos pronunciado, cambian radicalmente cuando los afectados somos nosotros. Entonces consideramos que tienen todo sentido como las vivimos.

Vivir las emociones de diferente manera e intensidad es el resultado de nuestra manera de ser. Determinados hechos nos activarán -más o menos- algunas emociones en función de nuestras experiencias vividas, de nuestros valores y también por nuestra genética.

¿Por qué decidimos cómo se deben sentir los demás?

  • Por qué no nos gusta ver a otros sufrir
  • Por qué el sufrimiento de las otras personas nos mueve emociones propias y necesitamos evitarlas.
  • Por desconocimiento de la gestión de las emociones, propias y ajenas
  • Por falta de coraje para vivir las emociones propias y las ajenas
  • En algunos casos porque preferimos que las personas que queremos estén bien y así más cercanas a nosotros y no con quienes less provocan el sufrimiento …. También puede haber una cierta componente egocentrista.

Es tan importante ser capaces de respetar las diferentes formas de pensar de los demás, como respetar las diferentes formas de sentir.

Lo que cada uno piensa está bien por naturaleza y debe ser respetado. Sólo podemos estar de acuerdo o en desacuerdo.

Dejo para una próxima reflexión el porqué somos capaces de decirles a los demás lo que tienen que hacer con sus vidas, mientras nosotros no asumimos los cambios que consideramos necesarios con las propias y no los hacemos.

Y lo que cada uno siente y cómo lo siente también está bien, simplemente porque “ES“, y necesitamos ser capaces de respetar lo que siente y el cómo lo siente.

Y entonces sólo nos quedará un reto: preguntarnos el porqué yo juzgo las emociones de los demás.

Esta es una responsabilidad personal e intransferible.

Aprender a gestionar nuestras propias emociones y respetar a los demàs, tambén es liderazgo.

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